"...no teniendo muy claras tachas que oponerme, mis oponentes debaten seriamente mi título recibido de loco. Toda la educación popular era nueva, y yo estaba solo como un visionario. Loco. ¿Las Islas del Tigre? Loco. ¿Las tierras de Chivilcoy? Loco. ¿El cercar las estancias? Loco. ¿El no creer en nuestros doctores y promover la reforma universitaria como lo estaba haciendo Lord Lowe en el parlamento inglés? Loco. Loco."
Domingo Faustino Sarmiento
lunes, 26 de octubre de 2020
Muertes con coronavirus
Argentina 28.000–Uruguay 53
“¡Oh, que felices somos nosotros los que conocemos,
suponiendo que sepamos callar durante suficiente
tiempo!”
Friedrich Nietzsche
¿Cómo
circulan la información y la opinión en nuestra sociedad? Es asombroso que, a
unos pocos kilómetros, apenas a la vera de la otra orilla del Plata, una
realidad que debiera sacudir la más rudimentaria conciencia social argentina,
pase absolutamente ignorada. ¡Ay de nuestro siglo informático!: En 1810, con
los chasquis y los barcos a vela, Buenos Aires se enteraba al otro día lo que ocurría
en Montevideo. ¿Será que en tiempos revolucionarios la gente se informa
mejor?
Argentina, con
cuarentena 28.000 - Uruguay, sin cuarentena 53
Diálogo al 24/10/2020
¡Eh!
¡Lo que pasa es que los uruguayos cerraron la frontera!
¿Qué gobierno no la cerró?
¡Pero
es un país chico, la frontera es fácil de cuidar!
No se trata de eso. Con cierre de frontera,
igualmente en Uruguay tienen más de 2000 casos. Al no haber cuarentena ¿Qué ha
impedido que esos infectados no se multiplicaran durante estos meses en un
contagio sin freno hasta abarcar al conjunto de la población?
¡Ah
pero no vas a comparar...! ¡El Uruguay es un país despoblado, rural, la
dispersión de la población es lo que impidió la proliferación del virus!
Momentito: Uruguay es ciertamente un país
despoblado, porque tiene una densidad de población de 20 habitantes por km2,
pero Argentina está todavía más despoblada, con sólo 16 personas por km2.
Sí, somos despoblados en promedio, pero
tenemos una gran concentración en Buenos Aires. CABA tiene 14000 habitantes por
km2.
Sí, 14.000, igual que Tokio. Pero Tokio,
tiene más de 9 millones de seres, es tres veces más grande que CABA. Si tomamos
CABA más el Gran Buenos Aires, son 14.800.000, pero la densidad de la población
baja a 1114 habitantes por km2. La población de Tokio está 14 veces más
concentrada.
¿Y a qué vienen Tokio y Japón?
A que Japón, con 335 habitantes por km2,
contra sólo 16 nuestros, o sea, 21 veces más denso, tiene una mortalidad por
coronavirus igual al Uruguay.
¿Por qué? ¿Cuántos muertos tiene?
1711.
¿Y Uruguay?
53
¿?
Japón tiene 126 millones de habitantes. Si
fueran poquitos como los 3.400.000 uruguayos, los muertos serían
proporcionalmente 46 (3,4/126 x 1711 = 46)
¿?
¿Qué coincidencia no?
¿?
Que Japón no hizo cuarentena, lo mismo que
Uruguay, y tienen la misma mortalidad
¿A dónde querés ir?
¿Cómo es que teníamos que ir al suicidio
económico para no suicidarnos biológicamente y resultó que los que no hacen
cuarentena casi no tienen muertos al lado nuestro?
El diálogo se
interrumpió ahí, porque el cruzado de la cuarentena no quiso seguir escuchando
al insólito cuestionador. “Si el Uruguay y el Japón no salen en la tele, no
existe lo que pretende este loco. ¿Cómo vamos a estar todos equivocados?” Y se
fue, transportando su apariencia inconmovible: "Por un voto, no nos vamos a poner tristes",
supo decir el General.
Al quedarse
solo, sin oídos que lo escucharan, prosiguió el réprobo hablándole a su
soledad.
"Es cierto que
hay que atender a las concentraciones urbanas y que Uruguay no tiene una urbe
como Buenos Aires. Pero, para apreciar la eficiencia sanitaria de la
cuarentena, podemos contrastar ciudades semejantes, con el mismo número de
habitantes de Montevideo, como es el caso de Córdoba."
Presintió
que ante lo inapelable de las cifras, “una mala gestión en
Córdoba”, le contestarían. Decidió seguir buscando.
¿Rosario?
Es más chica: 948.423, pero más densa que Montevideo: 5306 hab/km2(2)
Rosario: Infectados 43.962 - Montevideo: 1458(¡30 veces más!)
Rosario: Muertos: 571-
Montevideo: 34.(¡17 veces más!)
¿Otra
mala gestión local?
Por
último el Gran Mendoza, más chico, como Rosario, pero también menos denso: (3)
Gran Mendoza: 937.154 habitantes-Montevideo: 1.381.000
Gran Mendoza:2018,3 hab/km2-Montevideo: 2602 hab/km2
Infectados:22.715-1458
Muertos:471-34
¿Para
qué seguir? Toda la realidad de nuestro interior es, por ahora, y sólo por
ahora, diez veces peor que en el Uruguay. Porque las cifras de infección y
muerte arrecian y la diferencia entre los dos países se agranda
exponencialmente.
Llamó
en vano el hereje a su polemista para enrostrarle todas estas cifras. “Los
infectólogos saben lo que hacen”, le contestaron.
-o-
Por regla
general, los países que no han hecho cuarentena tuvieron guarismos
incomparablemente menos gravosos en víctimas fatales: Singapur 28, Corea del
Sur 457, Cuba 128, Nicaragua 155.
Suecia parece
haber llevado la peor parte de ese grupo, con cerca de 6000 muertos. Pero
mientras una segunda oleada de contagios afecta a Europa, Suecia aparece
totalmente inmunizada. No hay nuevos infectados. El caso sueco merecerá una
observación más detenida en el tiempo, porque el año 2019 tuvo una mortalidad
menor a la esperada de 3000 personas. Es como si hubieran traspasado sus
fallecimientos a este año. Y a falta de cuarentena, Suecia tiene un aislamiento
social estructural, el de sus residencias de ancianos, de las que han provenido
el 75% de sus fallecimientos.
Desde temprano,
quienes quisimos saber supimos que los presuntos beneficios de la cuarentena no
justificaban sus terribles secuelas económicas y sociales más sus costos
sanitarios colaterales. Lo que además sabemos ahora, resultados a la vista, es
que no mejora sino que agrava significativamente el problema mismo del
coronavirus.
-o-
Y regresa nuestro despechado polemista:
"¿A quién
importará en definitiva esto? Si por ventura la cuarentena habrá matado un
millón de personas por el mundo, ¿qué representarán en el conjunto de 7 mil
millones que somos? ¿Acaso saldrán en la tele? No nos hagamos ilusiones: el
desatino criminal seguirá disfrutando, por ahora, de una enceguecedora luz
verde."
Como epidemiólogos de enfermedades infecciosas y
científicos de salud pública, tenemos serias preocupaciones sobre los impactos
dañinos en la salud física y mental de las políticas vigentes de COVID-19, y
recomendamos un enfoque que llamamos Protección Enfocada.
Viniendo tanto de izquierda como de derecha, y de todo
el mundo, hemos dedicado nuestras carreras a proteger a las personas. Las
políticas de bloqueo actuales están produciendo efectos devastadores en la
salud pública a corto y largo plazo. Los resultados (por nombrar algunos)
incluyen tasas más bajas de vacunación infantil, empeoramiento de los
resultados de las enfermedades cardiovasculares, menos exámenes de detección de
cáncer y deterioro de la salud mental, lo que conduce a un mayor exceso de
mortalidad en los próximos años, con la clase trabajadora y los miembros más
jóvenes de la sociedad con la carga más pesada . Mantener a los
estudiantes fuera de la escuela es una grave injusticia.
Mantener estas medidas en vigor hasta que se disponga
de una vacuna provocará un daño irreparable, y los menos privilegiados sufrirán
un daño desproporcionado.
Afortunadamente, nuestra comprensión del virus está
aumentando. Sabemos que la vulnerabilidad a la muerte por COVID-19 es más
de mil veces mayor en los ancianos y enfermos que en los jóvenes. De
hecho, para los niños, COVID-19 es menos peligroso que muchos otros daños,
incluida la influenza.
A medida que aumenta la inmunidad en la población,
disminuye el riesgo de infección para todos, incluidos los vulnerables. Sabemos
que todas las poblaciones alcanzarán eventualmente la inmunidad colectiva, es
decir, el punto en el que la tasa de nuevas infecciones es estable, y que esto
puede ser asistido por (pero no depende de) una vacuna. Por lo tanto,
nuestro objetivo debería ser minimizar la mortalidad y el daño social hasta que
alcancemos la inmunidad colectiva.
El enfoque más compasivo que equilibra los riesgos y
los beneficios de alcanzar la inmunidad colectiva es permitir que aquellos que
tienen un riesgo mínimo de muerte vivan sus vidas normalmente para desarrollar
inmunidad al virus a través de una infección natural, mientras se protege mejor
a los que están en mayor grado. riesgo. A esto lo llamamos Protección Enfocada.
Adopting measures to protect the vulnerable should be the central aim of
public health responses to COVID-19. By way of example, nursing homes should
use staff with acquired immunity and perform frequent PCR testing of other
staff and all visitors. Staff rotation should be minimized. Retired people
living at home should have groceries and other essentials delivered to their
home. When possible, they should meet family members outside rather than
inside. A comprehensive and detailed list of measures, including approaches to
multi-generational households, can be implemented, and is well within the scope
and capability of public health professionals.
A las personas que no son vulnerables se les debe
permitir reanudar inmediatamente la vida con normalidad. Todos deben tomar
medidas sencillas de higiene, como lavarse las manos y quedarse en casa cuando
están enfermos, para reducir el umbral de inmunidad colectiva. Las
escuelas y universidades deben estar abiertas a la enseñanza presencial. Deben reanudarse las actividades extracurriculares,
como los deportes. Los adultos jóvenes de bajo riesgo deberían
trabajar normalmente, en lugar de hacerlo desde casa. Deberían abrirse
restaurantes y otros negocios. Deben reanudarse las artes, la música, el
deporte y otras actividades culturales. Las personas que corren un mayor
riesgo pueden participar si lo desean, mientras que la sociedad en su conjunto
disfruta de la protección conferida a los vulnerables por quienes han
construido la inmunidad colectiva.
El 4 de octubre de 2020, esta declaración fue
redactada y firmada en Great Barrington, Estados Unidos, por:
Dr. Martin Kulldorff , profesor de
medicina en la Universidad de Harvard, bioestadístico y epidemiólogo con
experiencia en la detección y seguimiento de brotes de enfermedades infecciosas
y evaluaciones de seguridad de vacunas.
La Dra. Sunetra Gupta ,
profesora de la Universidad de Oxford, epidemióloga con experiencia en
inmunología, desarrollo de vacunas y modelado matemático de enfermedades
infecciosas.
El Dr. Jay Bhattacharya ,
profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, médico,
epidemiólogo, economista de la salud y experto en políticas de salud pública
que se enfoca en enfermedades infecciosas y poblaciones vulnerables.
A propósito del teletrabajo
(Sobre una comunicación de Ester Kandel)
Ester Kandel, Magister de la UBA en
Ciencias Sociales del Trabajo, difundió algunas consideraciones acerca de la
problemática emanada del teletrabajo, expandido como parte del aislamiento
social promulgado a nombre del combate del covid-19. (1)
“La
imposición del teletrabajo, no regulado, produjo cambios de distinto orden y
con distintas reacciones que en los próximos meses serán motivo de análisis más
profundos sobre sus consecuencias. Frente a la imposición, para resguardar el
contacto social, algunos gremios tomaron recaudos y otros se reconvirtieron en
autodidactas abruptamente, como en el caso docente.”
Desde el punto de vista de la subjetividad, acuerdo con Alicia
Stolkiner, cuando manifiesta: “…En un primer momento hubo una cierta sensación de euforia, de
sobreadaptarse a la situación. Desde hace un tiempo a esta parte
empezó una segunda etapa marcada por la aparición de gestos o situaciones de
agotamiento o percepción de distintas emociones. También, desentimientos
de enojo. (…)
“Se observan manifestaciones diversas,
como las dificultades en el sueño, el mal dormir, las alteraciones del tiempo,
las modificaciones de las relaciones interpersonales, situaciones derivadas de
la readaptación de los vínculos en los grupos familiares, la convivencia, el
uso de los espacios del hogar. (…) Las
rutinas diarias mantienen ciertas angustias contenidas (…).”
Consigna
Kandel que, en tiempos de cuarentena, el retroceso del conjunto de las
condiciones laborales se manifiesta también en la justicia laboral.
“La
normalidad que se proclama de la justicia, no la encuentran los que inician un
juicio laboral, dado el tiempo de resolución prolongado a favor de las
patronales. Se presiona para acuerdos conciliatorios. Cada vez hay más acuerdos
conciliatorios que sentencias.
El
Poder judicial, en general beneficia a los sectores del poder, a grandes buffet. Se prioriza la estructura en
la faz punitiva y no para la defensa.”
Este
empeoramiento no es simple efecto colateral de la cuarentena, sino una preferencia
por los intereses propietarios, en detrimento de los trabajadores: “Los fueros
civiles y comerciales son los que tienen prioridad”. (2)
El
teletrabajo suele ser sufrido en particular por las mujeres:
“Muchas
trabajadoras realizan doble o triple jornada laboral (empleada, madre, ayuda
escolar). Los jardines maternales y las abuelas no pueden prestar ayuda”. (3)
Pero,
en general, el teletrabajo implica que “es otro el lugar físico de trabajo, son
otros los recursos materiales para hacerlo, es otro el ambiente laboral y la
interacción con el mismo (es el domicilio particular, presencia de otras
personas convivientes, otras actividades simultáneas de esas personas,
alteración de la vida familiar, no diferenciación entre vida laboral y vida
familiar, intromisión del empleador en la vida privada, jornada laboral sin
límites, costos laborales a cargo del trabajador/a, entre otras cuestiones). Por lo tanto insistimos en la
imprescindible negociación que permita arribar a un acuerdo basado en algunas
condiciones básicas como ser la limitada vigencia del mismo por un motivo
extraordinario como es la pandemia, el carácter voluntario de la participación
del trabajador/a en dicha modalidad como asimismo el dejar de trabajar en esas
condiciones cuando lo desee, el respeto de la jornada laboral, el derecho a la
desconexión, el derecho a la privacidad, la cobertura de la ART, el
resarcimiento económico por el consumo energético y mantenimiento/reparación de
los dispositivos utilizados entre otras. Es muy importante agregar que otro de
los objetivos buscados por la patronal con esta modalidad laboral es la
atomización del colectivo de trabajo y por lo tanto la desaparición de la
organización de los trabajadorxs en sus lugares de trabajo pilar insustituible
para que unitaria y solidariamente puedan defender sus derechos.” (2)
El pensamiento del Presidente
A estar por
sus dichos en la entrevista con Fontevecchia respecto del teletrabajo, al que
visualiza con la perspectiva de su futuro, surge la duda de si las inquietudes
de Alberto Fernández se sensibilizan por esta problemática, o más bien
transitan la cuestión con la óptica de la maximización de la rentabilidad
empresarial. “El teletrabajo es una modalidad que está funcionando…y uno
tendría que preguntarse cómo tiene que ser el salario del que hace teletrabajo
y el que tiene que hacer el trabajo presencial, porque el que hace teletrabajo
tiene menores gastos de transporte, de comidas fuera de la casa y demás. Son temas
todos que seguramente van a cambiar”.
Traduciendo
al presidente: la introducción del teletrabajo disminuiría costo salarial y
esto debería beneficiar a las empresas. Si ese razonamiento se trasladara a
todo progreso de la productividad debido a la innovación tecnológica,
llegaríamos al paradigma de que los salarios del capitalismo deberían haber
mantenido a los trabajadores en las condiciones de vida del Medioevo
Video
Alberto Fernández sobre el teletrabajo
Pero aún
situándonos en ese sesgo pro renta capitalista desde la que analiza el
teletrabajo el Presidente, hay que observar que, con el teletrabajo, la empresa
deja de invertir en los inmuebles y muebles que constituyen el lugar de
trabajo. Ese capital necesario lo está poniendo el trabajador, que pone su
propia casa al servicio de la empresa. Además, con el teletrabajo, el
trabajador se debería auto disciplinar, ahorrándole a la empresa la inversión
necesaria para el control disciplinario y asumiendo funciones de “emprendedor”,
esto es, la condición con la que se pretende justificar el privilegio
capitalista. Desde esa misma mirada, estos nuevos aportes de los trabajadores
deberían darle derecho a participar de la renta empresaria. Hablamos de autodisciplina en el teletrabajo
porque si se planea que el mundo disciplinario del trabajo invada – como
evidentemente está ocurriendo- el hogar
del trabajador, descomponiendo las reglas de la convivencia en el hogar, lo que
se haría es introducir una ingeniería social de resultados nefastos.
El teletrabajo en la educación
Sigue Kandel, sobre la coyuntura de la
cuarentena y la perspectiva educativa.
“La palabra de lxs docentes: el paso abrupto a una educación a
distancia y al teletrabajo (y “tele-estudio”) ha tenido un impacto altamente
negativo en términos de enseñanza y aprendizaje, atravesando a todo el sistema
sin distinción de nivel educativo.”
La actitud gubernamental agrava los efectos
“espontáneos” de la cuarentena, cuando vemos que, ante los variados problemas
de conectividad que estorban esta improvisada educación a distancia, “toda la
provisión de servicios y dispositivos corre por cuenta de lxs trabajadores, por
lo que cualquier mejora (ya sea en equipamiento, calidad de conexión o
formación docente) depende exclusivamente del salario docente…los vínculos
entre lxs docentes y sus estudiantes, salvo en el nivel primario, lxs docentes
lograron entablar contacto sólo con la mitad de sus estudiantes y la frecuencia
de ese vínculo no tiene fluidez y es intermitente en la mayoría de los casos,
sin excepción de nivel educativo.”
“Todavía está pendiente en nuestro país la cuestión de un desarrollo
soberano de alternativas digitales y tecnológicas de acceso gratuito para
docentes y estudiantes, con participación directa de estos actores en su
construcción.” (4)
Pero esta
línea soberana y humanista de pensamiento no parece inspirar la decisión del
Ministerio de Educación, que acordó la injerencia educativa de George Soros, el
eximio especulador que quebró nada menos que la soberanía monetaria de
Inglaterra y al que pondera como filántropo universal, según reza la siguiente
publicación:
El Ministerio de Educación y la fundación Open Society
acordaron proyectos en conjunto
La fundación Open Society,
fundada por George Soros, trabaja por la justicia, la gobernanza democrática y
los derechos humanos.
Estas
infaustas determinaciones gubernamentales ilustran la sentencia con la que
Kandel remata su trabajo:
“Finalmente, los datos
muestran que no hay una conciencia política evidente que esté movilizando las
preocupaciones acerca de las transformaciones de la educación, del sentido de
la educación pública, de las condiciones laborales del trabajo
docente. ¿Por qué sigue siendo tan difícil pensarnos y
reconocernos a nosotrxs como sujetxs políticxs y a nuestra tarea educativa como
un acto político?”
(1) Ester Kandel: El teletrabajo,
Algunas consideraciones del trabajo a distancia, 16/6/2020.
(2) Se apoya la
autora en las coincidencias de un panel sobre Crisis en la Justicia y la
situación de trabajadores, realizado el 20 de julio 2020, coordinado por Pablo
Kleiman (CTA Capital), Pablo Abramovich, secretario general de AJB, Karina
Albarracín, secretaria de género de FJA, Cristián Carro (Secretario general
Comisón interna Fuero del Trabajo UEJN)) y Matías Fachal, secretario adjunto de
la asociación judicial de CABA (youtube).
(3)Dicho por Karina
Albarracín en el panel citado.
(4)La educación en tiempos de pandemia: “Lxs docentes somos irremplazables (Carlos Blasco, Eduardo Contreras,
Ramiro Puertas, Silvio Seoane y Franco Solavagione, (2020)
domingo, 20 de septiembre de 2020
¿Cuál es el real porqué
de la cuarentena?
En las últimas semanas, según hemos conocido, se han formado,
con motivo de la cuarentena, dos organizaciones de profesionales vinculadas al tema
de la salud: Epidemiólogos Argentinos y Médicos por la Verdad. Se constituyó
también Abogados por la Verdad.
Son agrupaciones de profesionales marcadamente ajenos al
ámbito de la política. Algo que hace recordar a las asambleas ciudadanas que en
el 2001, frente a la debacle económica precipitada por la quiebra de la
convertibilidad, ensayaron a su modo una respuesta al disloque de la vida
social y política que entraron en el torbellino de la crisis.
Esas organizaciones difunden sus fundamentos médicos y
biológicos para cuestionar la política sanitaria puesta en marcha con motivo o
a pretexto del Covid-19.
En este video, abordamos la misma temática, partiendo de
nuestras premisas de estudio de la vida económica, social y política. Tal vez
sirva para enriquecer el valioso aporte que estas organizaciones espontáneas
hacen a la toma de conciencia de la grave situación que vivimos.
En el artículo “Capital Financiero y Coronavirus”, que sigue
a continuación, se encaró similarmente la cuestión.
La cuarentena
tradicional, el encierro de algunos individuos, es el intento de la sociedad
para aislar un virus y procurar su extinción por el tiempo. Esto otro que nos
atrapa ahora, el encierro generalizado, es un procedimiento gracias al cual es
el virus el que aísla a la sociedad, para su destrucción con el simple pasar de
los días. No es lo que hizo China, que aisló sólo una de sus provincias, con el
éxito conocido.Un
autorizado estudio en Santa Clara, California, reveló que el virus es allí 50 veces
menos letal de lo que informa la Organización
Mundial de la Salud, que es la referencia en que se apoyan los medios de
comunicación; otra investigación de igual jerarquía en Nueva York, arrojó una letalidad 15 veces
menor. ¿Por qué no se tienen en cuenta estos fundamentales trabajos científicos? ¿Cuál es el origen de este despropósito? La
cuarentena facilitará, sobre todo a los especuladores financieros, la compra
masiva de empresas empujadas a la quiebra por la suspensión de los negocios. El
daño será de dimensiones únicas en la historia, fragilizadas como están muchas de
esas empresas e inversiones por la crisis económica en curso, que es anterior a
la pandemia, arrojando al desempleo a millones de trabajadores y rebajando como
nunca el salario real. El sector financiero, que detenta el poder real y que
está en condiciones de beneficiarse con la concentración de capitales que
acompaña y resuelve toda crisis capitalista, apoya la medida de
cuarentena. Si así no fuera, los medios de
comunicación no hubieran puesto al coronavirus en la palestra de única
preocupación social existente. El
gobierno, por su parte, sobreactuó el discurso mediático: no sólo dictó una
cuarentena prematura, sino que le dio alcance nacional, a pesar del
semidesierto que caracteriza a gran parte de nuestro territorio y a la baja densidad
poblacional de nuestra geografía. China y Rusia, también países extensos, pero
que observan una política independiente del poder económico mundial, no
hicieron cuarentena nacional.
Por Luis Carlos Urrutia
(Agradecimiento al Diputado Nacional Juan Carlos
Comínguez, que aportó
el aquí citado artículo del Wall Street Journal, clave
iniciática de este trabajo)
Sumario:
1-El covid-19, mirado desde la
cúspide del capitalismo
2-La letalidad del coronavirus, científicamente considerada
3-La crisis capitalista y la cuarentena
4-Un modo de enfrentar el covid 19 desde los intereses
populares
5-Los medios de comunicación y la cuarentena
6-Video de entrevista con el Dr. John Ioannidis de la
Universidad de Stanford, California (EEUU)
1-El covid-19, mirado desde la cúspide del
capitalismo
La pasividad popular, en esta coyuntura de pánico y aislamiento
social, es comparable a la de los tiempos de irrupciones dictatoriales. El
protagonismo político resulta centralizado en el campo de la gran burguesía, y
es desde ese punto de vista, y no el de los valores populares, como se pueden
entender los móviles de lo que se actúa alrededor del covid 19.
Si la potencial mortandad de la pandemia tuviera proporciones
gigantescas, al extremo de llevarse la vida de millones de personas en un país
como la Argentina, podría entenderse que la clase capitalista, o su sector más
poderoso, aceptara la medida de cuarentena, genuinamente preocupada por la salubridad
de la población. Es que una dimensión tan catastrófica de estos efectos virósicos
lastimaría seriamente, por un lapso significativo, la capacidad productiva que
sostiene la reproducción capitalista.
Pero, lo han mostrado estudios a cargo de científicos de
gran nivel y que no se difunden, la amenaza pandémica es sustancialmente más
modesta. ¿A qué viene entonces ese consenso social con la cuarentena, indudablemente
inducido mediáticamente por la capacidad hegemónica de ese gran capital? ¿Hay
que creer que éste tolera “solidariamente” que se detengan sus negocios con tal
de salvar la vida de algunos miles de personas del simple pueblo? ¿Cómo sería
posible este sacrificio mayor, si en medio de una declamada emergencia social
extrema, no prosperan los esfuerzos más mínimos, como algún impuesto a la
riqueza, por mínúsculo y efímero que sea, la detención siquiera por un instante
del taxímetro de los intereses de las diversas deudas, o la pausa en el
inflamiento del costo de vida a punta de agiotaje, en medio de la multiplicación
del desamparo social?
¿Es que un gobierno que decretó precios máximos y no los
hace respetar ni siquiera en las propias compras gubernamentales, esa autoridad
tan abiertamente desairada por los hombres de negocios, sería capaz de imponer
al gran capital nada menos que la interrupción de sus actividades lucrativas? Es
claro que no. Pero de esto se deduce que
la cuarentena existe porque el poder real quiere que exista.
Algunos, para escapar a tan incómoda conclusión, los que
consideran que el aislamiento social es una medida “nacional y popular” o de
izquierda, deberían consecuentemente suponer que la presión social obligó al
capital a poner sus empresas en cuarentena. Pero si creen eso, habrían olvidado
que los medios están controlados por el poder del gran capital financiero, y
que fue mediáticamente como se aterrorizó a la sociedad, agitando a toda hora
la fantasmal amenaza del fulmíneo “enemigo invisible”, convirtiendo en eje de
la atención pública la estadística de sus muertes. Y así como, en oportunidades,
la exhibición mediática de algunos crímenes instituye por un tiempo en el
sentido común la idea de que el combate a la “inseguridad” es el primer tema
que debe resolver la sociedad, ahora el coronavirus es la estrella de turno,
sólo que esta transitoriedad tiene consecuencias prácticas extraordinariamente
graves y dejará un surco inolvidable en la historia del mundo.
No estamos frente a una reedición de la peste negra
medieval, como sugiere el impresionismo mediático, mostrando los sistemas nacionales
de salud desbordados por las infecciones y las fosas comunes para los muertos.
El presidente Alberto Fernández ha dicho: “prefiero un 10% más de pobres y no
100.000 muertos en la Argentina”. Le bajó luego abruptamente el precio al
levantamiento de la cuarentena, diciendo que no quiere 13.000 muertos, como
ocurriría si calcáramos, según sus dichos, la situación sueca y su no adopción
del aislamiento social compulsivo. La mortalidad habitual en Argentina se lleva
anualmente unas 340.000 vidas, muchas de ellas evitables, sin escándalo
mediático, según se desprende de nuestra esperanza de vida, 76 años, menor a
los 81 años de la denostada Suecia. Los argentinos morimos 5 años antes que los
suecos, pero el presidente pretende darles lecciones de cómo cuidar a la
población.
“El País” de España informó que la tasa de mortalidad
general en aquel país, que es del 9,1 por mil, se había incrementado en marzo
de 2020 un 48% respecto de marzo de 2019. Esto quiere decir que a la mortalidad
del mes, que la sociedad asume como normal y que ni siquiera percibe, y que es
allí del orden de 0,76 por mil mensual, el coronavirus ya en su pico de
mortalidad, habría agregado ese mes apenas un 0,36 por mil. Tan
modesto y efímero porcentaje de aumento, tratándose de la
pandemia en España, en la culminación de la onda de contagios, y que es
ejemplificada como caso especial de virulencia, no augura ninguna ruptura
civilizatoria. Puesto lo mismo de otra forma: en España fallecen habitualmente
alrededor de 420.000 personas por año: podría decirse que algunas decenas de
miles de muertos más que agregaría el Covid 19 hasta podrían pasar
desapercibidos si los medios, habituados históricamente a ocultar muertes
evitables de todo tamaño y causa, esta vez no se hubieran decidido a contarlos
uno por uno y día por día ante la opinión pública del mundo. Se dirá que la
mortalidad del Covid 19 y su avance exponencial fue acotada por las
cuarentenas, pero la aparente minuciosidad necrológica de los medios pasó por
alto que cuando España había acumulado 18.000 muertos, nada menos que 11.000
provenían de los geriátricos, convertidos en trampa mortal para los “adultos
mayores”, esto es, que la alta tasa de mortalidad española fue producto de una
aceleración del contagio en la población de mayor riesgo, promovido desde el
propio sistema de salud. https://rebelion.org/miles-de-mayores-han-muerto-prematuramente-en-las-residencias-abandonadas-por-el-sistema/
Lo propio hay que decir de los casos norteamericano e
inglés donde, increíblemente, para aliviar la situación de los hospitales, se
derivó enfermos de conoravirus a los geriátricos y asilos de ancianos, con las
previsibles consecuencias, en Nueva York de 4.300 muertos según la Asociated
Press y referidas también por el Dr Ioannidis en el video que acompañamos en
este artículo.https://www.infobae.com/america/agencias/2020/05/22/4300-pacientes-de-coronavirus-derivados-a-geriatricos-de-ny/
¿Y cuánto bajan la tasa de contagio las cuarentenas tardías
que amontonan en el encierro de las casas a infectados con no infectados?
El gran capital, entonces, que dispone de la información
estadística que el gran público no ve, no podría estar creyendo que el Covid 19
amenaza la continuidad del capitalismo.
2-La
letalidad del coronavirus, científicamente considerada
Confirma esta impresión un artículo de opinión, ¿“Es el
coronavirus tan mortífero como dicen”? aparecido en el Wall Street Journal del
24 de marzo de 2020. Es un periódico dirigido al mundo de los inversores, no al
gran público. Está firmado por dos cientificos norteamericanos, Eran Bendavid y
Jay Bhattacharya.
Allí se dice: “Si es verdad que el nuevo coronavirus
mataría millones sin las órdenes de quedarse en casa y las cuarentenas,
entonces las medidas extraordinarias que se están tomando en ciudades y estados
alrededor del país están seguramente justificadas. Pero hay poca evidencia para
confirmar esa premisa -y las proyecciones de la cantidad de muertos podría ser
plausiblemente demasiado altapor órdenes de magnitud.”
El temor por COVID-19 está basado en su alta tasa de casos fatales -entre 2% y 4% de la gente con COVID-19
confirmado se murió- de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud y
otros. Entonces, si 100 millones de estadounidenses en última instancia se
infecta, entre dos y cuatro millones de personas podrían morir. Creemos que esa
estimación está profundamente equivocada. La tasa verdadera de casos
fatales es la proporción de los infectados que mueren, no la
de las muertes de los casos positivos identificados.”
De lo
que se trata, y a esto arriba el estudio, es quesilos infectados reales son muchos más,
entonces la letalidad del virus es mucho menor.
Estos cientificos estaban
alertados por el testeado de los norteamericanos repatriados de Wuhan, en los
que se comprobó una tasa de infección 30 veces superior a la informada del Gran
Huhan. Consecuentemente, organizaron recientemente una medición muestral en el Condado de Santa Clara en el Estado de
California. En su resumen final dicen: “…(había) entre
48,000 y 81,000 personas infectadas en el condado de Santa Clara a principios
de abril, 50-85 veces más que el número de casos confirmados.” https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.04.14.20062463v1
Vivimos en una cultura
de la encuesta. Con una consulta a 1000 personas se puede vaticinar con mucha
precisión el resultado electoral de un comicio en el que participan decenas de
millones de personas. ¿Cómo no se les ocurre a los gobiernos hacer una encuesta
como ésta de Santa Clara para averiguar la verdadera letalidad del virus? ¿O la
han hecho y no la difunden? Es de presumir que los
resultados de esa encuesta sacarían a la población del pánico y aconsejarían
cambiar la estrategia para enfrentar la pandemia.
No podemos
reprochar a estos científicos norteamericanos haber hecho la elemental distinción entre los
infectados existentes y la parte de ellos que se ha documentado como tal. Habrá
que felicitarlos por eso, porque entre nosotros hasta el propio Alberto Kornblihtt, director del Instituto de
Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (IFIBYNE) y miembro del
directorio del Conicet, manifestó a Tiempo Argentino, el 24/5/2020: “todo el
mundo aprendió la lección de que no se va a generar inmunidad de rebaño: para
eso debería infectarse el 70 u 80% de la población, y con la tasa de mortalidad que tiene este virus, alrededor del 4%, eso implicaría millones de muertos.”
Ya no se trata de que Kornblihtt
asuma acríticamente el 4% de la sospechable Organización Mundial de la Salud,
que ya difundió el pánico por el mundo magnificando sideralmente la gripe A. No
es siquiera que deseche la medición científica de la letalidad del virus en
Santa Clara, que tiene la obligación de conocer. No es admisible que se sume a
la vulgaridad mediática. ¿Acaso no sabe que en Suecia, Corea del Sur o Singapur
no hubo cuarentena, sin que por eso hubieran allí esos millones de muertos? ¿No
sabe que China teniendo una densidad de población de 146 habitantes por
kilómetro cuadrado,9 veces más que la
Argentina, controló el coronavirus sin la cuarentena nacional que nosotros
tenemos y que él defiende,? ¿Qué clase de locura colectiva anula inteligencias
como la de este brillante científico? Diríase que esa alienación no es otra que
la de los intelectuales que no se independizan de la hegemonía del poder real.
¿Debemos asumir que se haya confundido una cosa con la otra,
infectados detectados con infectados reales, y se haya obrado irreflexivamente
con medidas como las cuarentenas generalizadas, cuyo costo social nadie mide?
¿O más bien estas conductas gubernamentales, propiciadas por un descomunal
despliegue mediático sobre la pandemia, tienen una racionalidad oculta que hay
que buscar en los intereses del poder real?
Más allá de su grosera exageración, aún la citada cifra de
muertos de Alberto Fernández, 100.000, está en un orden que nos dice, o bien
que esa distinción sí se ha hecho, y que el estudio de Santa Clara, o
similares, está en la alforja de la información gubernamental, o bien que se
tiran cifras al voleo para consumo del público masivo.
Si extrapolamos a la Argentina los cálculos
norteamericanos, que reducen en 50 veces o más la tasa de mortalidad del 4%
relacionada con los casos de infección identificados, la tasa
real de letalidad del virus sería de un orden de 0,1%. Si se infectara un 33%
de la población, 15 millones en Argentina, los muertos sumarían unas 15.000
personas. Si comparamos esto con las 32.000 muertes que en 2018 produjeron las enfermedades
respiratorias, gripe y neumonía, según las Estadísticas Vitales publicadas por
el gobierno en diciembre de 2019, y a pesar de la vacunación, salta a la vista
la paradoja de que estas muertes se asumen sin provocar aprensiones a la hora
de entrar a un subte abarrotado de gente o concurrir a cualquier tipo de
aglomeraciones humanas.
Estos rápidos cálculos no tienen la pretensión de ser
precisos. La extrapolación de la susceptibilidad y mortalidad de la población
de Santa Clara al universo de la población mundial no podría pretender eso, pero
creemos que sí ilustran sobre el orden de magnitud de la mortalidad de la
pandemia. A esta altura el lector, que con
toda justicia desconfía de las expresiones de las cúpulas económicas, se
preguntará: ¿pero es que podemos confiar en un artículo publicado por el Wall
Street Journal? ¿No es ésta una operación de poderes económicos que no quieren
perjudicarse por las cuarentenas?
Y a esto responderemos que sí, que es una operación de
sectores poderosos que únicamente buscan defender sus intereses. Lo que no
creemos es que esas posiciones anticuarentena respondan al interés de toda la
derecha social y económica. Esa derecha está dividida y su sector
prevalente, en general el capital más concentrado o el que está en condiciones
de beneficiarse con la concentración de capitales que acompaña y resuelve toda
crisis capitalista, apoya la medida de cuarentena. Ésta facilitará, por la
suspensión de los negocios,sobre todo a
los especuladores financieros, la compra masiva de empresas empujadas a la
quiebra; éstas se encuentran ya
fragilizadas por la crisis económica en curso, que es anterior a la pandemia. Si así no fuera, los medios de
comunicación no hubieran puesto al coronavirus en la palestra de única
preocupación social existente, haciendo socialmente posible la terrible medida
de la cuarentena. Si ésta afectara los intereses del poder real, los medios
habrían sencillamente ocultado la existencia del coronavirus, o si esto no
hubiera sido del todo posible, lo habrían mostrado relativizado, reducido a
categoría de preocupación secundaria.
La publicación por el Wall Street Journal no implica
necesariamente la falsedad del artículo. De hecho, las decenas de miles de
muertos que se vienen operando en EEUU se aproximan a los 100,000 (0,1% de 100
millones) que, según se desprende del artículo y la investigación de Santa
Clara, hay que estimar podrían en realidad producirse, tienden a corroborarlo.
Si los muertos de EEUU son decenas de miles y no millones, este estudio tiene
un efectivo carácter científico.
En la Universidad de Stanford, donde revistan los
suscribientes de la investigación de Santa Clara, se encuentra Michael Levitt,físico y biofísico que en 2013, recibió el Premio Nobel de Química por el desarrollo de modelos y programas
informáticos que permiten entender y predecir el comportamiento de complejos
procesos químicos. En el “Los Ángeles Times” del 20/3/2020leemos que Levitt “ predijo que el número total de casos confirmados
de COVID-19 en China terminaría en alrededor de 80.000, con aproximadamente
3.250 muertes. Este pronóstico resultó ser notablemente preciso: hasta el 16 de
marzo, China había contado un total de 80.298 casos y 3.245 muertes, en una
nación de casi 1.400 millones de personas donde mueren aproximadamente 10
millones al año.” https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2020-03-23/vamos-a-estar-bien-por-que-este-premio-nobel-predice-una-recuperacion-rapida-del-coronavirus
En un Twetter del 24/5/2020 Levitt dice: “Realmente no sé sobre la inmunidad de
rebaño. Parece que cuando el virus se desata sin control, ya sea por un
distanciamiento social débil (Suecia) o una infección temprana generalizada
(Reino Unido), se satura cuando la tasa de mortalidad de la población alcanza
entre 5 (Europa) a 20 (NYC) por 10,000 (0.05 a 0.2 %)”. Estos valores serían
congruentes con el orden de magnitud de la tasa de letalidad que surge del estudio
de Santa Clara, 0,1%, que se traduciría en una mortalidad del 0,033% si se
infectara un tercio de la población.
Jay Bhattacharya, por su
parte, “se centra en las limitaciones que enfrentan las poblaciones vulnerables
para tomar decisiones que afectan su estado de salud, así como los efectos de
las políticas y programas gubernamentales diseñados para beneficiar a las
poblaciones vulnerables.” https://healthpolicy.fsi.stanford.edu/people/jay_bhattacharya
Esta currícula sugiere descartar en estos científicos un
radicalismo contestatario, pero también la irresponsabilidad social que alienta
el olímpico desprecio neoliberal por la salud pública.
En la conclusión de la encuesta comunicada por estos
científicos, el coronavirus aparece como muy contagioso, 50 veces más que lo
que muestran las estadísticas de casos confirmados, pero a la vez 50 veces
menos letal.
Se infiere de esto que, con la extensión de la infección,
muy grande, pero con una letalidad aparentemente 10 veces menor que la de la
gripe, 0,1% contra 1%, las barreras inmunitarias creadas por el 99,9% de los
infectados, que sumarán un alto porcentaje de la población, acabaría con la
posibilidad de la reproducción del virus, que se extinguiría. Y aparece
entonces la conclusión de un sector que desaconseja la cuarentena: la población
no sufrirá una merma importante y los negocios no se detendrán. Porque se inscribe en un contexto de interés capitalista,
es publicable el artículo en el Wall Street Journal y parece claro y
transparente.
3-La crisis capitalista y la cuarentena
Pero hay otra lógica capitalista detrás de la propiciación contraria,
la de la cuarentena, que no se expresa abiertamente y que por la envergadura de
la operación augura propósitos siniestros. Se arropa en las pantallas
mediáticas con los valores populares de la solidaridad y la supremacía de la
vida ante los intereses económicos. Para quienes siquiera intuyen quiénes están
detrás de los medios y cuál es su historia, esto no puede ser tomado en serio.
¿Cuál es la motivación capitalista de la cuarentena? El
trasfondo de la actitud del poder real es la gravísima crisis económica en que
está sumergido el capitalismo mundial, que es preexistente a la pandemia y cuya
envergadura se mide en el retorno del proteccionismo, las guerras comerciales,
el brexit, o la solitaria exacerbación de la agresividad imperial de EEUU, esto
es, la quiebra del globalismo.
Sin necesidad de incurrir en “teorías conspirativas”, se advierte que
las cuarentenas son funcionales a tres propósitos:
1)Provocar con el freno
económico consiguiente, una aceleración de la concentración económica,
empujando al precipicio auna ingente
cantidad de empresas que se hallan comprometidas por el desarrollo de la
crisis, que desaparecerán o serán vendidas a precio vil. Las oscilaciones
bruscas de las bolsas pueden ser parte de este proceso. ¿Quiénes se
beneficiarán con esto? Los que se queden con la propiedad de las empresas
caídas, o con sus mercados.
2)Las cuarentenas
difundidas por el mundo elevan verticalmente los déficit estatales, porque el
paro económico reduce la recaudación fiscal, al tiempo que la ayuda estatal a
los millones de parados por el aislamiento social, suma un formidable gasto
extraordinario al erario público. Ese déficit se solucionará con la
correspondiente masa de nuevos títulos de endeudamiento público, amenazando con
llevar a niveles paroxísticos la dependencia de los gobiernos respecto del
capital financiero especulativo. Ofrecen de este modo una vía de escape a los
quebrantos de la especulación, que podrá adquirir los títulos de una
extraordinaria emisión de deuda de los Estados a nivel mundial. Las operaciones
especulativas tendrán así la alternativa que los libere de la desvalorización de los
activos privados (acciones y propiedades), así como de la perspectiva de la
insolvencia para los títulos de deuda privadas, que es consecuencia de la
crisis anterior a la pandemia.
3)Camuflar, detrás del
chivo expiatorio de la pandemia, la verdadera naturaleza de la crisis, para
anestesiar el descontento popular y desmontar la posibilidad de que se derive
hacia la crítica del sistema. El aislamiento social presta un servicio ideal a
la parálisis de la conciencia, que en las masas evoluciona en el movimiento
práctico de su movilización colectiva.
La cuarentena no perjudica sino que fortalece a los
beneficiarios de la concentración económica, que en lo principal se ubican en
la cúspide de la sociedady que, por
constituir el poder real, controlan los medios de comunicación. En el caso
particular argentino, se advierte que la producción de los alimentos, así como
el aumento de sus precios, no se han detenido y que los bancos han seguido
lucrando, aun cerrados, porque su fuente principal de ingresos, los títulos del
estado, siguen rindiendo sus intereses. El parasitismo de las rentas de la
tierra y de la usura no ha enfermado con el coronavirus.
4-Un
modo de enfrentar el covid 19 desde los intereses populares
No hay decisiones soberanas sin información soberana. El
país no puede conducirse en la emergencia con la tasa de letalidad del virus dada
por la Organización Mundial de la Salud.
Lo primero que debiera hacerse es medir fehacientemente en
el país esa letalidad, adoptando la metodología del grupo de la Universidad de
Stanford. Realizar esto podría ser cuestión de días. Se trataría de ratificar que
la tasa de letalidad en Argentina está en un orden de magnitud similar a la
obtenida por esa Universidad.
La defensa del trabajo es esencial para los trabajadores y
el pueblo. En el capitalismo, las crisis económicas y su secuela de
desocupación han sido infaliblemente fatales para 0la defensa de los derechos
laborales y los salarios de los trabajadores. La consigna trotskista de más
aislamiento social con altos salarios de cuarentena es, peor que utópica, absurda.
Es falso asimismo que de la caída económica se pueda volver al estado previo,
como afirmó el presidente. La concentración económica no tiene marcha atrás,
muchos empresarios desaparecerán y muchos más asalariados perderán para siempre
su nivel salarial o su condición de persona ocupada.
Alberto Fernández
justificó la privación del trabajo para una enorme masa popular diciendo “prefiero
que una fábrica esté con los obreros en cuarentena y no enfermos o muertos”.
Mostrar que esa alternativa no existe, es el punto de arranque de una propuesta
sanitaria que represente al pueblo laborioso y no a la especulación financiera.
Pensemos en una gran fábrica de 5000 trabajadores que
siguió funcionando bajo el asecho del covid 19 y que arribó al peor de los
escenarios. Supongamos que la totalidad de los obreros de esa fábrica se
contagió.
De acuerdo a la encuesta de Santa Clara, alrededor de sólo
1 cada 50 trabajadores infectados se enfermaría, por lo que en esa fábrica de
5000 personas, todas infectadas, perdería
la salud una cifra cercana a las100 personas.
La probabilidad
de muerte por enfermo de covid 19 varía, según la edad, pero como los adultos
mayores no estarían en esa fábrica porque están jubilados, esa probabilidad de
muerte de ese personal se reduciría aproximadamente a un 0,4%. Esto es, que de
los 100 enfermos, morirían algo cercano a las “0,4 personas” (más bien ninguna
que una). En un artículo del 4/5/2020, nos enteramos por el Dr. Ioannidis, eminente investigador también de
la Universidad de Stanford, que un estudio posterior realizado en Nueva
York, arrojó una tasa de infección del
25%, contra el 1,7% oficial de casos confirmados. Aquí la letalidad real del
virus se reduce en 14,7 veces en lugar de 50 como en Santa Clara. Esta mayor letalidad no
desmiente a la encuesta de Santa Clara porque la mortalidad de Nueva York, se
mida como se la mida, aparece comparativamente alta en el plano mundial. No
obstante, si aplicáramos esta otra proporción en nuestra hipotética fábrica de
5000 obreros, los enfermos ascenderían a 340 y la mortandad esperada del 0,4%, resultaría en el fallecimiento probable de
“1,35 personas” (más bien una persona que dos). https://www.infobae.com/america/mundo/2020/05/04/un-epidemiologo-y-matematico-de-stanford-explica-a-los-gobiernos-por-que-es-tiempo-de-levantar-las-cuarentenas/
Esa mortalidad podría reducirse virtualmente a cero, si se
pusiera en cuarentena a los que tienen enfermedades susceptibles de complicarse
mortalmente con el covid 19.
Aunque falleciera de coronavirus alguna persona, esto no rompería
la habitualidad en un colectivo de 5000 individuos, donde difícilmente pase año
sin que se enferme y muera gente por otras causas, por lo que no se advierte
cuál es la razón sanitaria especial por la que el covid 19 obligaría a
arrostrar la catástrofe de trastocar hasta la supresión el estado del trabajo
normal en el conjunto social.
Partiendo de este cuadro probable, y no del dislate
presidencial, es indudable que lo correcto sería mantener en funcionamiento la
empresa, respetando la cuarentena de los trabajadores con riesgo especial y de aquellos que conviven domiciliariamente
con adultos mayores, para evitar su contagio. Estos trabajadores deberían
ser considerados con los derechos de una licencia por enfermedad. La merma de
la fuerza laboral, por el licenciamiento cuarentenal de estos trabajadores,
podría compensarse o paliarse acudiendo a la masa de los desocupados, que es
cada vez más enorme.
Esto en cuanto al contagio en el ámbito del trabajo.
Tratándose de la mortalidad por contagio en los transportes y la circulación de
la población, ésta sería igualmente
pequeña, si la que circula es esta población con riesgos ínfimos, puesto que
los vulnerables estarían en cuarentena.
En general pues, la cuarentena debería reducirse a los
adultos mayores y a los que conviven con ellos en sus viviendas, aplicada de un
modo riguroso.
Otro aspecto importante a considerarse sería que el
coronavirus está siendo combatido por un sistema de salud que es el principal
factor de mortalidad. Las residencias de ancianos deberían aislarse con su
personal incluido, abonándosele a éste un salario especial resarcitorio. En el
sistema hospitalario debería procurarse el aislamiento efectivo de los enfermos
de coronavirus de los otros pacientes, porque todos pertenecen a la población
de riesgo. No deberían compartir el personal médico. ¿Por qué no considerar la
asignación de hospitales al coronavirus y liberar el resto del sistema para
atender al resto de las enfermedades, que no se están atendiendo por miedo al
contagio? ¿Qué bomba de tiempo sanitaria
se ha puesto en marcha en nombre de la salud con la suspensión de la medicina
programada? La cuarentena generalizada,
queda claro una vez más, no tiene explicación como cuidado de la población. Las
situaciones especiales como las de las villas deberían abordarse en su
especificidad en subordinación a estos principios generales.
5-Los
medios de comunicación y la cuarentena
Los reclamos de derecha contra la cuarentena obedecen, en
algunos casos, a los intereses capitalistas lesionados, a los perdedores de la
crisis, pero también, y sobre todo, a la
necesidad demagógica de hacer oposición a un gobierno de coalición en el que el
poder económico no tiene una representación absoluta. Quienes con el
gobierno macrista pusieron al país bajo la directa férula del capital
financiero especulativo, no serán precisamente ahora los adalides de la defensa
de la producción. Los mentirosos seriales del macrismo están proclamando lo
contrario de lo que piensan. ¿Qué harían ellos si fueran el gobierno?: ¡La
cuarentena! ¿No son acaso los más puros agentes vernáculos de la especulación
internacional que lucrará con la destrucción económica? ¿No fueron los
campeones mundiales del endeudamiento? Los que se manejan con la ecuación
Macri=Bolsonaro, e identifican la posición anticuarentena con la derecha más
extrema, no perciben que mientras Bolsonaro resiste la cuarentena expresando al
poderoso lobby industrial brasileño, Fernández aquí la impone porque no afecta
en lo más mínimo al corazón del poder real ultra reaccionario en la Argentina, la
agroindustria y las finanzas. La alimentación es considerada actividad esencial
y los bancos, aún cuando estuvieron cerrados, siguieron lucrando con su
principalísima fuente de ingresos: los intereses de los títulos públicos en su
cartera.
Sin embargo, en lamedida en que la penuria de la economía popular acumule sus efectos, la
bandera anticuarentena tiene la chance de volverse simpática a las mayorías.
Con la presente campaña, la derecha va creando el clima para adjudicar al “populismo”
la responsabilidad por una crisis que, en su esencia, no responde a la
coyuntura de la cuarentena, sino a la sintomatología de un agotamiento
histórico del capitalismo, del que emerge la hipertrofia y desenfreno
predatorio del capital financiero especulativo..
En este, como en todos los temas, los sectores populares no
superan su confusión y no terminan de plasmar una emancipación informativa y
valorativa del discurso mediático.
¿Qué costo humano, cuántas vidas se llevará la cuarentena
en forma inmediata y directa, por ejemplo, con
la suspensión de toda la medicina programada? ¿Qué porcentaje de las decenas y
centenares de miles de consultas médicas y estudios que no se hacen
corresponden a diagnósticos cuya omisión oportuna han tenido ya o tendrán una
consecuencia fatal? ¿Esta omisión de medicina programada de hoy no derivará en
el colapso futuro del sistema sanitario, abrumado por las urgencias médicas que
se incuban en este descuido de hoy?
¿Y cuánta pérdida humana provocará la aceleración de la
crisis y sus secuelas de concentración económica, aumento estructural de la
pobreza y la desigualdad social? Las crisis económicas enseñan que el desempleo
y la tasa de suicidios aumentan en la misma proporción. No recibirá el pueblo
la respuesta a este interrogante complejo, si se le ha ocultado la simple
información de cuál es la verdadera letalidad del virus.
Lo que debe tener por seguro es que los mendrugos
asistenciales no remediarán una penosa perspectiva de la cual este episodio del
Covid 19 es apenas su mascarón de proa.
6-Entrevista
con el Dr. John Ioannidis de la Universidad de Stanford - California - EEUU
Según Wikipedia, “Ioannidis estudia la
investigación científica en sí misma, especialmente en medicina clínica y
ciencias sociales. Es uno de los científicos más citados en la literatura, y su
artículo de 2005 «Por qué los hallazgos de investigación más publicados son
falsos» es el documento más descargado de la Public Library of Science, y en
la plataforma de acceso abierto a publicaciones científicas Mendeley,
Ioannidis cuenta con el mayor número de lectores en materia de ciencia.”
En el «Por
qué los hallazgos de investigación más publicados son falsos», Ioannidis comienza
por desarrollar el género de dificultades que la investigación enfrenta como
puro proceso de conocimiento, que no interesa al punto de vista de nuestro
trabajo. Pero en un “Corolario 5” dice: “Cuanto mayores son los intereses y prejuicios financieros y de otro tipo
en un campo científico menor es la probabilidad de que los resultados de la
investigación sean verdaderos. Los conflictos de interés y los prejuicios pueden
aumentar el sesgo u. Los conflictos de
interés son muy comunes en la investigación biomédica (Krimsky,
Rothenberg, Stott y Kyle, 1998), y suelen ser reportados en forma inadecuada y poco
frecuente (ibid.; Papanikolaou,
Baltogianni, Contopoulos-I. et al., 2001). Los prejuicios no necesariamente tienen orígenes
financieros. Los científicos de un campo dado pueden tener prejuicios debido
simplemente a su creencia en una teoría científica o al compromiso con sus
propios resultados. Muchos estudios en apariencia independientes, realizados en
las universidades, se pueden llevar a cabo únicamente para dar a los médicos e
investigadores calificaciones para su promoción o su titularidad. Tales
conflictos no financieros también pueden llevar a reportar resultados e
interpretaciones distorsionados. Los investigadores prestigiosos pueden
suprimir la aparición y la difusión de resultados que refuten sus hallazgos
mediante el proceso de revisión por pares. Así perpetúan falsos en su campo de
investigación. La evidencia empírica sobre la opinión de los expertos además,
que es poco confiable…” (Antman,
Lau et al., 1992).
Sólo nos cabe agregar que pocas veces la
neutralidad científica se halló tan poco garantizada como en estas
circunstancias. El diagnóstico de la letalidad del virus se vincula con el
operar financiero, político, ideológico y cognitivo de la más colosal
concentración de intereses económicos que conozca la historia de la humanidad.