jose hernandez

"...no teniendo muy claras tachas que oponerme, mis oponentes debaten seriamente mi título recibido de loco. Toda la educación popular era nueva, y yo estaba solo como un visionario. Loco. ¿Las Islas del Tigre? Loco. ¿Las tierras de Chivilcoy? Loco. ¿El cercar las estancias? Loco. ¿El no creer en nuestros doctores y promover la reforma universitaria como lo estaba haciendo Lord Lowe en el parlamento inglés? Loco. Loco."

Domingo Faustino Sarmiento

lunes, 26 de octubre de 2020

 

Muertes con coronavirus

Argentina 28.000    Uruguay 53

“¡Oh, que felices somos nosotros los que conocemos,

suponiendo que sepamos callar durante suficiente tiempo!”

Friedrich Nietzsche

 


¿Cómo circulan la información y la opinión en nuestra sociedad? Es asombroso que, a unos pocos kilómetros, apenas a la vera de la otra orilla del Plata, una realidad que debiera sacudir la más rudimentaria conciencia social argentina, pase absolutamente ignorada. ¡Ay de nuestro siglo informático!: En 1810, con los chasquis y los barcos a vela, Buenos Aires se enteraba al otro día lo que ocurría en Montevideo. ¿Será que en tiempos revolucionarios la gente se informa mejor? 

 

Argentina, con cuarentena 28.000 - Uruguay, sin cuarentena 53

 Diálogo al 24/10/2020

 

      ¡Eh! ¡Lo que pasa es que los uruguayos cerraron la frontera!

  ¿Qué gobierno no la cerró?

      ¡Pero es un país chico, la frontera es fácil de cuidar!

  No se trata de eso. Con cierre de frontera, igualmente en Uruguay tienen más de 2000 casos. Al no haber cuarentena ¿Qué ha impedido que esos infectados no se multiplicaran durante estos meses en un contagio sin freno hasta abarcar al conjunto de la población?

      ¡Ah pero no vas a comparar...! ¡El Uruguay es un país despoblado, rural, la dispersión de la población es lo que impidió la proliferación del virus!

  Momentito: Uruguay es ciertamente un país despoblado, porque tiene una densidad de población de 20 habitantes por km2, pero Argentina está todavía más despoblada, con sólo 16 personas por km2.

      Sí, somos despoblados en promedio, pero tenemos una gran concentración en Buenos Aires. CABA tiene 14000 habitantes por km2.

  Sí, 14.000, igual que Tokio. Pero Tokio, tiene más de 9 millones de seres, es tres veces más grande que CABA. Si tomamos CABA más el Gran Buenos Aires, son 14.800.000, pero la densidad de la población baja a 1114 habitantes por km2. La población de Tokio está 14 veces más concentrada.

      ¿Y a qué vienen Tokio y Japón?

  A que Japón, con 335 habitantes por km2, contra sólo 16 nuestros, o sea, 21 veces más denso, tiene una mortalidad por coronavirus igual al Uruguay.

      ¿Por qué? ¿Cuántos muertos tiene?

  1711.

      ¿Y Uruguay?

  53

      ¿?

  Japón tiene 126 millones de habitantes. Si fueran poquitos como los 3.400.000 uruguayos, los muertos serían proporcionalmente 46       (3,4/126 x 1711 = 46)

      ¿?

  ¿Qué coincidencia no?

      ¿?

  Que Japón no hizo cuarentena, lo mismo que Uruguay, y tienen la misma mortalidad

      ¿A dónde querés ir?

  ¿Cómo es que teníamos que ir al suicidio económico para no suicidarnos biológicamente y resultó que los que no hacen cuarentena casi no tienen muertos al lado nuestro?

El diálogo se interrumpió ahí, porque el cruzado de la cuarentena no quiso seguir escuchando al insólito cuestionador. “Si el Uruguay y el Japón no salen en la tele, no existe lo que pretende este loco. ¿Cómo vamos a estar todos equivocados?” Y se fue, transportando su apariencia inconmovible: "Por un voto, no nos vamos a poner tristes", supo decir el General.

Al quedarse solo, sin oídos que lo escucharan, prosiguió el réprobo hablándole a su soledad.

"Es cierto que hay que atender a las concentraciones urbanas y que Uruguay no tiene una urbe como Buenos Aires. Pero, para apreciar la eficiencia sanitaria de la cuarentena, podemos contrastar ciudades semejantes, con el mismo número de habitantes de Montevideo, como es el caso de Córdoba."

Córdoba: 1.329.604 (2014) -  Montevideo: 1.381.000 (2017)

"¡Casi iguales!"

“Montevideo es pueblerina”... “Población rural”... “dispersa”, le resonaba en contra.

"¿Más pueblerina que Córdoba? Comparemos las densidades de población de las dos ciudades", se dijo:

Córdoba: 2308,3 hab/km2 - Montevideo: 2602 hab/km2  (4)

(Montevideo es más densa que Córdoba)

"¿¡Cuál es más pueblerina entonces!?", se animó.

¿Y los infectados de Coronavirus?

 Córdoba: 30.864    -    Montevideo: 1.458

¿Y los muertos?

Córdoba: 413    -    Montevideo: 34  (1)

Presintió que ante lo inapelable de las cifras, “una mala gestión en Córdoba”, le contestarían. Decidió seguir buscando.

¿Rosario? Es más chica: 948.423, pero más densa que Montevideo: 5306 hab/km2  (2)

Rosario: Infectados 43.962 - Montevideo: 1458   (¡30 veces más!)

Rosario: Muertos: 571        - Montevideo: 34.      (¡17 veces más!)

¿Otra mala gestión local?

Por último el Gran Mendoza, más chico, como Rosario, pero también menos denso: (3)

Gran Mendoza: 937.154 habitantes  -  Montevideo: 1.381.000

Gran Mendoza:  2018,3 hab/km2   -   Montevideo: 2602 hab/km2

Infectados:             22.715              -                            1458

Muertos:                      471             -                                 34

¿Para qué seguir? Toda la realidad de nuestro interior es, por ahora, y sólo por ahora, diez veces peor que en el Uruguay. Porque las cifras de infección y muerte arrecian y la diferencia entre los dos países se agranda exponencialmente.

Llamó en vano el hereje a su polemista para enrostrarle todas estas cifras. “Los infectólogos saben lo que hacen”, le contestaron.

-o-

Por regla general, los países que no han hecho cuarentena tuvieron guarismos incomparablemente menos gravosos en víctimas fatales: Singapur 28, Corea del Sur 457, Cuba 128, Nicaragua 155.

Suecia parece haber llevado la peor parte de ese grupo, con cerca de 6000 muertos. Pero mientras una segunda oleada de contagios afecta a Europa, Suecia aparece totalmente inmunizada. No hay nuevos infectados. El caso sueco merecerá una observación más detenida en el tiempo, porque el año 2019 tuvo una mortalidad menor a la esperada de 3000 personas. Es como si hubieran traspasado sus fallecimientos a este año. Y a falta de cuarentena, Suecia tiene un aislamiento social estructural, el de sus residencias de ancianos, de las que han provenido el 75% de sus fallecimientos.

Desde temprano, quienes quisimos saber supimos que los presuntos beneficios de la cuarentena no justificaban sus terribles secuelas económicas y sociales más sus costos sanitarios colaterales. Lo que además sabemos ahora, resultados a la vista, es que no mejora sino que agrava significativamente el problema mismo del coronavirus.

-o-

Y regresa nuestro despechado polemista:

"¿A quién importará en definitiva esto? Si por ventura la cuarentena habrá matado un millón de personas por el mundo, ¿qué representarán en el conjunto de 7 mil millones que somos? ¿Acaso saldrán en la tele? No nos hagamos ilusiones: el desatino criminal seguirá disfrutando, por ahora, de una enceguecedora luz verde."

¿Exagerará?

 

https://docs.google.com/spreadsheets/d/1yacx_VOoID7jVbNjQ9TKtfGgrkGS6BYMsz8dxOeOSzY/edit#gid=961503467

https://www.impulsonegocios.com/coronavirus-en-rosario-hoy/

https://www.lanacion.com.ar/sociedad/coronavirus-hoy-argentina-mapa-mendoza-localidad-localidad-nid2365955

https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%81rea_metropolitana_de_Montevideo

 

 

 

 

 


sábado, 10 de octubre de 2020

 

La Declaración de Great Barrington

 

(Al momento de publicarse esta transcripción, habían adherido a este documento 6806 científicos, 14.762 médicos practicantes y 199.706 personas del público en general) https://translate.google.com/translate?hl=es-419&sl=en&u=https://gbdeclaration.org/&prev=search&pto=aue

 

 

Como epidemiólogos de enfermedades infecciosas y científicos de salud pública, tenemos serias preocupaciones sobre los impactos dañinos en la salud física y mental de las políticas vigentes de COVID-19, y recomendamos un enfoque que llamamos Protección Enfocada. 

Viniendo tanto de izquierda como de derecha, y de todo el mundo, hemos dedicado nuestras carreras a proteger a las personas. Las políticas de bloqueo actuales están produciendo efectos devastadores en la salud pública a corto y largo plazo. Los resultados (por nombrar algunos) incluyen tasas más bajas de vacunación infantil, empeoramiento de los resultados de las enfermedades cardiovasculares, menos exámenes de detección de cáncer y deterioro de la salud mental, lo que conduce a un mayor exceso de mortalidad en los próximos años, con la clase trabajadora y los miembros más jóvenes de la sociedad con la carga más pesada . Mantener a los estudiantes fuera de la escuela es una grave injusticia. 

Mantener estas medidas en vigor hasta que se disponga de una vacuna provocará un daño irreparable, y los menos privilegiados sufrirán un daño desproporcionado.

Afortunadamente, nuestra comprensión del virus está aumentando. Sabemos que la vulnerabilidad a la muerte por COVID-19 es más de mil veces mayor en los ancianos y enfermos que en los jóvenes. De hecho, para los niños, COVID-19 es menos peligroso que muchos otros daños, incluida la influenza. 

A medida que aumenta la inmunidad en la población, disminuye el riesgo de infección para todos, incluidos los vulnerables. Sabemos que todas las poblaciones alcanzarán eventualmente la inmunidad colectiva, es decir, el punto en el que la tasa de nuevas infecciones es estable, y que esto puede ser asistido por (pero no depende de) una vacuna. Por lo tanto, nuestro objetivo debería ser minimizar la mortalidad y el daño social hasta que alcancemos la inmunidad colectiva. 

El enfoque más compasivo que equilibra los riesgos y los beneficios de alcanzar la inmunidad colectiva es permitir que aquellos que tienen un riesgo mínimo de muerte vivan sus vidas normalmente para desarrollar inmunidad al virus a través de una infección natural, mientras se protege mejor a los que están en mayor grado. riesgo. A esto lo llamamos Protección Enfocada. 

Adopting measures to protect the vulnerable should be the central aim of public health responses to COVID-19. By way of example, nursing homes should use staff with acquired immunity and perform frequent PCR testing of other staff and all visitors. Staff rotation should be minimized. Retired people living at home should have groceries and other essentials delivered to their home. When possible, they should meet family members outside rather than inside. A comprehensive and detailed list of measures, including approaches to multi-generational households, can be implemented, and is well within the scope and capability of public health professionals. 

A las personas que no son vulnerables se les debe permitir reanudar inmediatamente la vida con normalidad. Todos deben tomar medidas sencillas de higiene, como lavarse las manos y quedarse en casa cuando están enfermos, para reducir el umbral de inmunidad colectiva. Las escuelas y universidades deben estar abiertas a la enseñanza presencial. Deben reanudarse las actividades extracurriculares, como los deportes. Los adultos jóvenes de bajo riesgo deberían trabajar normalmente, en lugar de hacerlo desde casa. Deberían abrirse restaurantes y otros negocios. Deben reanudarse las artes, la música, el deporte y otras actividades culturales. Las personas que corren un mayor riesgo pueden participar si lo desean, mientras que la sociedad en su conjunto disfruta de la protección conferida a los vulnerables por quienes han construido la inmunidad colectiva.

 

El 4 de octubre de 2020, esta declaración fue redactada y firmada en Great Barrington, Estados Unidos, por:

Dr. Martin Kulldorff , profesor de medicina en la Universidad de Harvard, bioestadístico y epidemiólogo con experiencia en la detección y seguimiento de brotes de enfermedades infecciosas y evaluaciones de seguridad de vacunas.

La Dra. Sunetra Gupta , profesora de la Universidad de Oxford, epidemióloga con experiencia en inmunología, desarrollo de vacunas y modelado matemático de enfermedades infecciosas.

 

El Dr. Jay Bhattacharya , profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford, médico, epidemiólogo, economista de la salud y experto en políticas de salud pública que se enfoca en enfermedades infecciosas y poblaciones vulnerables.

 

A propósito del teletrabajo

(Sobre una comunicación de Ester Kandel)

 

Ester Kandel, Magister de la UBA en Ciencias Sociales del Trabajo, difundió algunas consideraciones acerca de la problemática emanada del teletrabajo, expandido como parte del aislamiento social promulgado a nombre del combate del covid-19. (1)

“La imposición del teletrabajo, no regulado, produjo cambios de distinto orden y con distintas reacciones que en los próximos meses serán motivo de análisis más profundos sobre sus consecuencias. Frente a la imposición, para resguardar el contacto social, algunos gremios tomaron recaudos y otros se reconvirtieron en autodidactas abruptamente, como en el caso docente.”

Desde el punto de vista de la subjetividad, acuerdo con Alicia Stolkiner, cuando manifiesta: “…En un primer momento hubo una cierta sensación de euforia, de sobreadaptarse a la situación. Desde hace un tiempo a esta parte empezó una segunda etapa marcada por la aparición de gestos o situaciones de agotamiento o percepción de distintas emociones. También, de sentimientos de enojo. (…)

“Se observan manifestaciones diversas, como las dificultades en el sueño, el mal dormir, las alteraciones del tiempo, las modificaciones de las relaciones interpersonales, situaciones derivadas de la readaptación de los vínculos en los grupos familiares, la convivencia, el uso de los espacios del hogar. (…) Las rutinas diarias mantienen ciertas angustias contenidas (…).”

Consigna Kandel que, en tiempos de cuarentena, el retroceso del conjunto de las condiciones laborales se manifiesta también en la justicia laboral.

“La normalidad que se proclama de la justicia, no la encuentran los que inician un juicio laboral, dado el tiempo de resolución prolongado a favor de las patronales. Se presiona para acuerdos conciliatorios. Cada vez hay más acuerdos conciliatorios que sentencias.

El Poder judicial, en general beneficia a los sectores del poder, a  grandes buffet. Se prioriza la estructura en la faz punitiva y no para la defensa.” 

Este empeoramiento no es simple efecto colateral de la cuarentena, sino una preferencia por los intereses propietarios, en detrimento de los trabajadores: “Los fueros civiles y comerciales son los que tienen prioridad”. (2)

El teletrabajo suele ser sufrido en particular por las mujeres:

“Muchas trabajadoras realizan doble o triple jornada laboral (empleada, madre, ayuda escolar). Los jardines maternales y las abuelas no pueden prestar ayuda”. (3)

Pero, en general, el teletrabajo implica que “es otro el lugar físico de trabajo, son otros los recursos materiales para hacerlo, es otro el ambiente laboral y la interacción con el mismo (es el domicilio particular, presencia de otras personas convivientes, otras actividades simultáneas de esas personas, alteración de la vida familiar, no diferenciación entre vida laboral y vida familiar, intromisión del empleador en la vida privada, jornada laboral sin límites, costos laborales a cargo del trabajador/a, entre otras cuestiones). Por lo tanto insistimos en la imprescindible negociación que permita arribar a un acuerdo basado en algunas condiciones básicas como ser la limitada vigencia del mismo por un motivo extraordinario como es la pandemia, el carácter voluntario de la participación del trabajador/a en dicha modalidad como asimismo el dejar de trabajar en esas condiciones cuando lo desee, el respeto de la jornada laboral, el derecho a la desconexión, el derecho a la privacidad, la cobertura de la ART, el resarcimiento económico por el consumo energético y mantenimiento/reparación de los dispositivos utilizados entre otras. Es muy importante agregar que otro de los objetivos buscados por la patronal con esta modalidad laboral es la atomización del colectivo de trabajo y por lo tanto la desaparición de la organización de los trabajadorxs en sus lugares de trabajo pilar insustituible para que unitaria y solidariamente puedan defender sus derechos.” (2)

El pensamiento del Presidente

A estar por sus dichos en la entrevista con Fontevecchia respecto del teletrabajo, al que visualiza con la perspectiva de su futuro, surge la duda de si las inquietudes de Alberto Fernández se sensibilizan por esta problemática, o más bien transitan la cuestión con la óptica de la maximización de la rentabilidad empresarial. “El teletrabajo es una modalidad que está funcionando…y uno tendría que preguntarse cómo tiene que ser el salario del que hace teletrabajo y el que tiene que hacer el trabajo presencial, porque el que hace teletrabajo tiene menores gastos de transporte, de comidas fuera de la casa y demás. Son temas todos que seguramente van a cambiar”.

Traduciendo al presidente: la introducción del teletrabajo disminuiría costo salarial y esto debería beneficiar a las empresas. Si ese razonamiento se trasladara a todo progreso de la productividad debido a la innovación tecnológica, llegaríamos al paradigma de que los salarios del capitalismo deberían haber mantenido a los trabajadores en las condiciones de vida del Medioevo

Video

                                      Alberto Fernández sobre el teletrabajo                                            

Pero aún situándonos en ese sesgo pro renta capitalista desde la que analiza el teletrabajo el Presidente, hay que observar que, con el teletrabajo, la empresa deja de invertir en los inmuebles y muebles que constituyen el lugar de trabajo. Ese capital necesario lo está poniendo el trabajador, que pone su propia casa al servicio de la empresa. Además, con el teletrabajo, el trabajador se debería auto disciplinar, ahorrándole a la empresa la inversión necesaria para el control disciplinario y asumiendo funciones de “emprendedor”, esto es, la condición con la que se pretende justificar el privilegio capitalista. Desde esa misma mirada, estos nuevos aportes de los trabajadores deberían darle derecho a participar de la renta empresaria.  Hablamos de autodisciplina en el teletrabajo porque si se planea que el mundo disciplinario del trabajo invada – como evidentemente está ocurriendo-  el hogar del trabajador, descomponiendo las reglas de la convivencia en el hogar, lo que se haría es introducir una ingeniería social de resultados nefastos.

El teletrabajo en la educación

Sigue Kandel, sobre la coyuntura de la cuarentena y la perspectiva educativa. 

La palabra de lxs docentes: el paso abrupto a una educación a distancia y al teletrabajo (y “tele-estudio”) ha tenido un impacto altamente negativo en términos de enseñanza y aprendizaje, atravesando a todo el sistema sin distinción de nivel educativo.” 

La actitud gubernamental agrava los efectos “espontáneos” de la cuarentena, cuando vemos que, ante los variados problemas de conectividad que estorban esta improvisada educación a distancia, “toda la provisión de servicios y dispositivos corre por cuenta de lxs trabajadores, por lo que cualquier mejora (ya sea en equipamiento, calidad de conexión o formación docente) depende exclusivamente del salario docente…los vínculos entre lxs docentes y sus estudiantes, salvo en el nivel primario, lxs docentes lograron entablar contacto sólo con la mitad de sus estudiantes y la frecuencia de ese vínculo no tiene fluidez y es intermitente en la mayoría de los casos, sin excepción de nivel educativo.

“Todavía está pendiente en nuestro país la cuestión de un desarrollo soberano de alternativas digitales y tecnológicas de acceso gratuito para docentes y estudiantes, con participación directa de estos actores en su construcción.” (4)

Pero esta línea soberana y humanista de pensamiento no parece inspirar la decisión del Ministerio de Educación, que acordó la injerencia educativa de George Soros, el eximio especulador que quebró nada menos que la soberanía monetaria de Inglaterra y al que pondera como filántropo universal, según reza la siguiente publicación:

https://www.argentina.gob.ar/noticias/el-ministerio-de-educacion-y-la-fundacion-open-society-acordaron-proyectos-en-conjunto

El Ministerio de Educación y la fundación Open Society acordaron proyectos en conjunto

La fundación Open Society, fundada por George Soros, trabaja por la justicia, la gobernanza democrática y los derechos humanos.

Estas infaustas determinaciones gubernamentales ilustran la sentencia con la que Kandel remata su trabajo:

“Finalmente, los datos muestran que no hay una conciencia política evidente que esté movilizando las preocupaciones acerca de las transformaciones de la educación, del sentido de la educación pública, de las condiciones laborales del trabajo docente. ¿Por qué sigue siendo tan difícil pensarnos y reconocernos a nosotrxs como sujetxs políticxs y a nuestra tarea educativa como un acto político?”

(1)     Ester Kandel: El teletrabajo, Algunas consideraciones del trabajo a     distancia, 16/6/2020.

(2)    Se apoya la autora en las coincidencias de un panel sobre Crisis en la Justicia y la situación de trabajadores, realizado el 20 de julio 2020, coordinado por Pablo Kleiman (CTA Capital), Pablo Abramovich, secretario general de AJB, Karina Albarracín, secretaria de género de FJA, Cristián Carro (Secretario general Comisón interna Fuero del Trabajo UEJN)) y Matías Fachal, secretario adjunto de la asociación judicial de CABA (youtube).

(3)   Dicho por Karina Albarracín en el panel citado.

(4)   La educación en tiempos de pandemia: “Lxs docentes somos irremplazables (Carlos Blasco, Eduardo Contreras, Ramiro Puertas, Silvio Seoane y Franco Solavagione, (2020)

 

                   

 

 

 

 

 

 

 

 

      

 

domingo, 20 de septiembre de 2020

 

¿Cuál es el real porqué de la cuarentena?




En las últimas semanas, según hemos conocido, se han formado, con motivo de la cuarentena, dos organizaciones de profesionales vinculadas al tema de la salud: Epidemiólogos Argentinos y Médicos por la Verdad. Se constituyó también Abogados por la Verdad.

Son agrupaciones de profesionales marcadamente ajenos al ámbito de la política. Algo que hace recordar a las asambleas ciudadanas que en el 2001, frente a la debacle económica precipitada por la quiebra de la convertibilidad, ensayaron a su modo una respuesta al disloque de la vida social y política que entraron en el torbellino de la crisis.

Esas organizaciones difunden sus fundamentos médicos y biológicos para cuestionar la política sanitaria puesta en marcha con motivo o a pretexto del Covid-19.

En este video, abordamos la misma temática, partiendo de nuestras premisas de estudio de la vida económica, social y política. Tal vez sirva para enriquecer el valioso aporte que estas organizaciones espontáneas hacen a la toma de conciencia de la grave situación que vivimos.

En el artículo “Capital Financiero y Coronavirus”, que sigue a continuación, se encaró similarmente la cuestión.


martes, 2 de junio de 2020

Capital Financiero y Coronavirus


Argentina:
De campeona mundial del endeudamiento
a campeona mundial de la cuarentena
¿Giro radical o continuismo neoliberal?

La cuarentena tradicional, el encierro de algunos individuos, es el intento de la sociedad para aislar un virus y procurar su extinción por el tiempo. Esto otro que nos atrapa ahora, el encierro generalizado, es un procedimiento gracias al cual es el virus el que aísla a la sociedad, para su destrucción con el simple pasar de los días. No es lo que hizo China, que aisló sólo una de sus provincias, con el éxito conocido.Un autorizado estudio en Santa Clara, California, reveló que el virus es allí 50 veces menos letal de lo que informa la Organización  Mundial de la Salud, que es la referencia en que se apoyan los medios de comunicación; otra investigación de igual jerarquía  en Nueva York, arrojó una letalidad 15 veces menor. ¿Por qué no se tienen en cuenta estos fundamentales trabajos científicos?  ¿Cuál es el origen de este despropósito? La cuarentena facilitará, sobre todo a los especuladores financieros, la compra masiva de empresas empujadas a la quiebra por la suspensión de los negocios. El daño será de dimensiones únicas en la historia, fragilizadas como están muchas de esas empresas e inversiones por la crisis económica en curso, que es anterior a la pandemia, arrojando al desempleo a millones de trabajadores y rebajando como nunca el salario real. El sector financiero, que detenta el poder real y que está en condiciones de beneficiarse con la concentración de capitales que acompaña y resuelve toda crisis capitalista, apoya la medida de cuarentena. Si así no fuera, los medios de comunicación no hubieran puesto al coronavirus en la palestra de única preocupación social existente. El gobierno, por su parte, sobreactuó el discurso mediático: no sólo dictó una cuarentena prematura, sino que le dio alcance nacional, a pesar del semidesierto que caracteriza a gran parte de nuestro territorio y a la baja densidad poblacional de nuestra geografía. China y Rusia, también países extensos, pero que observan una política independiente del poder económico mundial, no hicieron cuarentena nacional. 
Por Luis Carlos Urrutia

(Agradecimiento al Diputado Nacional Juan Carlos Comínguez, que aportó
el aquí citado artículo del Wall Street Journal, clave iniciática de este trabajo)



Sumario:
1-      El covid-19, mirado desde la cúspide del capitalismo
2-      La letalidad del coronavirus, científicamente considerada
3-      La crisis capitalista y la cuarentena
4-      Un modo de enfrentar el covid 19 desde los intereses populares
5-      Los medios de comunicación y la cuarentena
6-    Video de entrevista con el Dr. John Ioannidis de la Universidad de Stanford, California (EEUU)


1-    El covid-19, mirado desde la cúspide del capitalismo

La pasividad popular, en esta coyuntura de pánico y aislamiento social, es comparable a la de los tiempos de irrupciones dictatoriales. El protagonismo político resulta centralizado en el campo de la gran burguesía, y es desde ese punto de vista, y no el de los valores populares, como se pueden entender los móviles de lo que se actúa alrededor del covid 19.
Si la potencial mortandad de la pandemia tuviera proporciones gigantescas, al extremo de llevarse la vida de millones de personas en un país como la Argentina, podría entenderse que la clase capitalista, o su sector más poderoso, aceptara la medida de cuarentena, genuinamente preocupada por la salubridad de la población. Es que una dimensión tan catastrófica de estos efectos virósicos lastimaría seriamente, por un lapso significativo, la capacidad productiva que sostiene la reproducción capitalista.
Pero, lo han mostrado estudios a cargo de científicos de gran nivel y que no se difunden, la amenaza pandémica es sustancialmente más modesta. ¿A qué viene entonces ese consenso social con la cuarentena, indudablemente inducido mediáticamente por la capacidad hegemónica de ese gran capital? ¿Hay que creer que éste tolera “solidariamente” que se detengan sus negocios con tal de salvar la vida de algunos miles de personas del simple pueblo? ¿Cómo sería posible este sacrificio mayor, si en medio de una declamada emergencia social extrema, no prosperan los esfuerzos más mínimos, como algún impuesto a la riqueza, por mínúsculo y efímero que sea, la detención siquiera por un instante del taxímetro de los intereses de las diversas deudas, o la pausa en el inflamiento del costo de vida a punta de agiotaje, en medio de la multiplicación del desamparo social?
¿Es que un gobierno que decretó precios máximos y no los hace respetar ni siquiera en las propias compras gubernamentales, esa autoridad tan abiertamente desairada por los hombres de negocios, sería capaz de imponer al gran capital nada menos que la interrupción de sus actividades lucrativas? Es claro que no. Pero de esto se deduce que la cuarentena existe porque el poder real quiere que exista.
Algunos, para escapar a tan incómoda conclusión, los que consideran que el aislamiento social es una medida “nacional y popular” o de izquierda, deberían consecuentemente suponer que la presión social obligó al capital a poner sus empresas en cuarentena. Pero si creen eso, habrían olvidado que los medios están controlados por el poder del gran capital financiero, y que fue mediáticamente como se aterrorizó a la sociedad, agitando a toda hora la fantasmal amenaza del fulmíneo “enemigo invisible”, convirtiendo en eje de la atención pública la estadística de sus muertes. Y así como, en oportunidades, la exhibición mediática de algunos crímenes instituye por un tiempo en el sentido común la idea de que el combate a la “inseguridad” es el primer tema que debe resolver la sociedad, ahora el coronavirus es la estrella de turno, sólo que esta transitoriedad tiene consecuencias prácticas extraordinariamente graves y dejará un surco inolvidable en la historia del mundo.
No estamos frente a una reedición de la peste negra medieval, como sugiere el impresionismo mediático, mostrando los sistemas nacionales de salud desbordados por las infecciones y las fosas comunes para los muertos. El presidente Alberto Fernández ha dicho: “prefiero un 10% más de pobres y no 100.000 muertos en la Argentina”. Le bajó luego abruptamente el precio al levantamiento de la cuarentena, diciendo que no quiere 13.000 muertos, como ocurriría si calcáramos, según sus dichos, la situación sueca y su no adopción del aislamiento social compulsivo. La mortalidad habitual en Argentina se lleva anualmente unas 340.000 vidas, muchas de ellas evitables, sin escándalo mediático, según se desprende de nuestra esperanza de vida, 76 años, menor a los 81 años de la denostada Suecia. Los argentinos morimos 5 años antes que los suecos, pero el presidente pretende darles lecciones de cómo cuidar a la población.
“El País” de España informó que la tasa de mortalidad general en aquel país, que es del 9,1 por mil, se había incrementado en marzo de 2020 un 48% respecto de marzo de 2019. Esto quiere decir que a la mortalidad del mes, que la sociedad asume como normal y que ni siquiera percibe, y que es allí del orden de 0,76 por mil mensual, el coronavirus ya en su pico de mortalidad, habría agregado ese mes apenas un 0,36 por mil. Tan modesto y efímero porcentaje de aumento, tratándose de la pandemia en España, en la culminación de la onda de contagios, y que es ejemplificada como caso especial de virulencia, no augura ninguna ruptura civilizatoria. Puesto lo mismo de otra forma: en España fallecen habitualmente alrededor de 420.000 personas por año: podría decirse que algunas decenas de miles de muertos más que agregaría el Covid 19 hasta podrían pasar desapercibidos si los medios, habituados históricamente a ocultar muertes evitables de todo tamaño y causa, esta vez no se hubieran decidido a contarlos uno por uno y día por día ante la opinión pública del mundo. Se dirá que la mortalidad del Covid 19 y su avance exponencial fue acotada por las cuarentenas, pero la aparente minuciosidad necrológica de los medios pasó por alto que cuando España había acumulado 18.000 muertos, nada menos que 11.000 provenían de los geriátricos, convertidos en trampa mortal para los “adultos mayores”, esto es, que la alta tasa de mortalidad española fue producto de una aceleración del contagio en la población de mayor riesgo, promovido desde el propio sistema de salud. https://rebelion.org/miles-de-mayores-han-muerto-prematuramente-en-las-residencias-abandonadas-por-el-sistema/
Lo propio hay que decir de los casos norteamericano e inglés donde, increíblemente, para aliviar la situación de los hospitales, se derivó enfermos de conoravirus a los geriátricos y asilos de ancianos, con las previsibles consecuencias, en Nueva York de 4.300 muertos según la Asociated Press y referidas también por el Dr Ioannidis en el video que acompañamos en este artículo. https://www.infobae.com/america/agencias/2020/05/22/4300-pacientes-de-coronavirus-derivados-a-geriatricos-de-ny/
¿Y cuánto bajan la tasa de contagio las cuarentenas tardías que amontonan en el encierro de las casas a infectados con no infectados?
El gran capital, entonces, que dispone de la información estadística que el gran público no ve, no podría estar creyendo que el Covid 19 amenaza la continuidad del capitalismo.

2-    La letalidad del coronavirus, científicamente considerada

Confirma esta impresión un artículo de opinión, ¿“Es el coronavirus tan mortífero como dicen”? aparecido en el Wall Street Journal del 24 de marzo de 2020. Es un periódico dirigido al mundo de los inversores, no al gran público. Está firmado por dos cientificos norteamericanos, Eran Bendavid y Jay Bhattacharya.
Allí se dice: “Si es verdad que el nuevo coronavirus mataría millones sin las órdenes de quedarse en casa y las cuarentenas, entonces las medidas extraordinarias que se están tomando en ciudades y estados alrededor del país están seguramente justificadas. Pero hay poca evidencia para confirmar esa premisa -y las proyecciones de la cantidad de muertos podría ser plausiblemente demasiado alta por órdenes de magnitud.” El temor por COVID-19 está basado en su alta tasa de casos fatales  -entre 2% y 4% de la gente con COVID-19 confirmado se murió- de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud y otros. Entonces, si 100 millones de estadounidenses en última instancia se infecta, entre dos y cuatro millones de personas podrían morir. Creemos que esa estimación está profundamente equivocada. La tasa verdadera de casos fatales es la proporción de los infectados que mueren, no la de las muertes de los casos positivos identificados.”
De lo que se trata, y a esto arriba el estudio, es que si  los infectados reales son muchos más, entonces la letalidad del virus es mucho menor.
Estos cientificos estaban alertados por el testeado de los norteamericanos repatriados de Wuhan, en los que se comprobó una tasa de infección 30 veces superior a la informada del Gran Huhan. Consecuentemente, organizaron recientemente una medición muestral en el Condado de Santa Clara en el Estado de California. En su resumen final dicen: “…(había) entre 48,000 y 81,000 personas infectadas en el condado de Santa Clara a principios de abril, 50-85 veces más que el número de casos confirmados.” https://www.medrxiv.org/content/10.1101/2020.04.14.20062463v1
Vivimos en una cultura de la encuesta. Con una consulta a 1000 personas se puede vaticinar con mucha precisión el resultado electoral de un comicio en el que participan decenas de millones de personas. ¿Cómo no se les ocurre a los gobiernos hacer una encuesta como ésta de Santa Clara para averiguar la verdadera letalidad del virus? ¿O la han hecho y no la difunden? Es de presumir que los resultados de esa encuesta sacarían a la población del pánico y aconsejarían cambiar la estrategia para enfrentar la pandemia.

No podemos reprochar a estos científicos norteamericanos haber hecho la elemental distinción entre los infectados existentes y la parte de ellos que se ha documentado como tal. Habrá que felicitarlos por eso, porque entre nosotros hasta el propio Alberto Kornblihtt, director del Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (IFIBYNE) y miembro del directorio del Conicet, manifestó a Tiempo Argentino, el 24/5/2020: “todo el mundo aprendió la lección de que no se va a generar inmunidad de rebaño: para eso debería infectarse el 70 u 80% de la población, y con la tasa de mortalidad que tiene este virus, alrededor del 4%, eso implicaría millones de muertos.”
Ya no se trata de que Kornblihtt asuma acríticamente el 4% de la sospechable Organización Mundial de la Salud, que ya difundió el pánico por el mundo magnificando sideralmente la gripe A. No es siquiera que deseche la medición científica de la letalidad del virus en Santa Clara, que tiene la obligación de conocer. No es admisible que se sume a la vulgaridad mediática. ¿Acaso no sabe que en Suecia, Corea del Sur o Singapur no hubo cuarentena, sin que por eso hubieran allí esos millones de muertos? ¿No sabe que China teniendo una densidad de población de 146 habitantes por kilómetro cuadrado,  9 veces más que la Argentina, controló el coronavirus sin la cuarentena nacional que nosotros tenemos y que él defiende,? ¿Qué clase de locura colectiva anula inteligencias como la de este brillante científico? Diríase que esa alienación no es otra que la de los intelectuales que no se independizan de la hegemonía del poder real. 
¿Debemos asumir que se haya confundido una cosa con la otra, infectados detectados con infectados reales, y se haya obrado irreflexivamente con medidas como las cuarentenas generalizadas, cuyo costo social nadie mide? ¿O más bien estas conductas gubernamentales, propiciadas por un descomunal despliegue mediático sobre la pandemia, tienen una racionalidad oculta que hay que buscar en los intereses del poder real?
Más allá de su grosera exageración, aún la citada cifra de muertos de Alberto Fernández, 100.000, está en un orden que nos dice, o bien que esa distinción sí se ha hecho, y que el estudio de Santa Clara, o similares, está en la alforja de la información gubernamental, o bien que se tiran cifras al voleo para consumo del público masivo.
Si extrapolamos a la Argentina los cálculos norteamericanos, que reducen en 50 veces o más la tasa de mortalidad del 4% relacionada con los casos de infección identificados, la tasa real de letalidad del virus sería de un orden de 0,1%. Si se infectara un 33% de la población, 15 millones en Argentina, los muertos sumarían unas 15.000 personas. Si comparamos esto con las 32.000 muertes que en 2018 produjeron las enfermedades respiratorias, gripe y neumonía, según las Estadísticas Vitales publicadas por el gobierno en diciembre de 2019, y a pesar de la vacunación, salta a la vista la paradoja de que estas muertes se asumen sin provocar aprensiones a la hora de entrar a un subte abarrotado de gente o concurrir a cualquier tipo de aglomeraciones humanas.
Estos rápidos cálculos no tienen la pretensión de ser precisos. La extrapolación de la susceptibilidad y mortalidad de la población de Santa Clara al universo de la población mundial no podría pretender eso, pero creemos que sí ilustran sobre el orden de magnitud de la mortalidad de la pandemia. A esta altura el lector, que con toda justicia desconfía de las expresiones de las cúpulas económicas, se preguntará: ¿pero es que podemos confiar en un artículo publicado por el Wall Street Journal? ¿No es ésta una operación de poderes económicos que no quieren perjudicarse por las cuarentenas?
Y a esto responderemos que sí, que es una operación de sectores poderosos que únicamente buscan defender sus intereses. Lo que no creemos es que esas posiciones anticuarentena respondan al interés de toda la derecha social y económica. Esa derecha está dividida y su sector prevalente, en general el capital más concentrado o el que está en condiciones de beneficiarse con la concentración de capitales que acompaña y resuelve toda crisis capitalista, apoya la medida de cuarentena. Ésta facilitará, por la suspensión de los negocios,  sobre todo a los especuladores financieros, la compra masiva de empresas empujadas a la quiebra; éstas se encuentran  ya fragilizadas por la crisis económica en curso, que es anterior a la pandemia.  Si así no fuera, los medios de comunicación no hubieran puesto al coronavirus en la palestra de única preocupación social existente, haciendo socialmente posible la terrible medida de la cuarentena. Si ésta afectara los intereses del poder real, los medios habrían sencillamente ocultado la existencia del coronavirus, o si esto no hubiera sido del todo posible, lo habrían mostrado relativizado, reducido a categoría de preocupación secundaria.
La publicación por el Wall Street Journal no implica necesariamente la falsedad del artículo. De hecho, las decenas de miles de muertos que se vienen operando en EEUU se aproximan a los 100,000 (0,1% de 100 millones) que, según se desprende del artículo y la investigación de Santa Clara, hay que estimar podrían en realidad producirse, tienden a corroborarlo. Si los muertos de EEUU son decenas de miles y no millones, este estudio tiene un efectivo carácter científico.
En la Universidad de Stanford, donde revistan los suscribientes de la investigación de Santa Clara, se encuentra Michael Levitt, físico y biofísico que en 2013, recibió el Premio Nobel de Química  por el desarrollo de modelos y programas informáticos que permiten entender y predecir el comportamiento de complejos procesos químicos. En el “Los Ángeles Times” del 20/3/2020        leemos que Levitt “ predijo que el número total de casos confirmados de COVID-19 en China terminaría en alrededor de 80.000, con aproximadamente 3.250 muertes. Este pronóstico resultó ser notablemente preciso: hasta el 16 de marzo, China había contado un total de 80.298 casos y 3.245 muertes, en una nación de casi 1.400 millones de personas donde mueren aproximadamente 10 millones al año.” https://www.latimes.com/espanol/internacional/articulo/2020-03-23/vamos-a-estar-bien-por-que-este-premio-nobel-predice-una-recuperacion-rapida-del-coronavirus

En un Twetter del 24/5/2020 Levitt dice: “Realmente no sé sobre la inmunidad de rebaño. Parece que cuando el virus se desata sin control, ya sea por un distanciamiento social débil (Suecia) o una infección temprana generalizada (Reino Unido), se satura cuando la tasa de mortalidad de la población alcanza entre 5 (Europa) a 20 (NYC) por 10,000 (0.05 a 0.2 %)”. Estos valores serían congruentes con el orden de magnitud de la tasa de letalidad que surge del estudio de Santa Clara, 0,1%, que se traduciría en una mortalidad del 0,033% si se infectara un tercio de la población.
Según la Universidad de Stranford, Eran Bendavid, que encabeza el estudio de Santa Clara, tiene por interés de investigacion “Determinar la influencia de los entornos (social, político, económico y natural) en la salud de las poblaciones utilizando métodos de varias disciplinas, incluidas la economía, la epidemiología y la ciencia política.” https://translate.google.com/translate?hl=es-419&sl=en&u=https://stanfordhealthcare.org/doctors/b/eran-bendavid.html&prev=search
Jay Bhattacharya, por su parte, “se centra en las limitaciones que enfrentan las poblaciones vulnerables para tomar decisiones que afectan su estado de salud, así como los efectos de las políticas y programas gubernamentales diseñados para beneficiar a las poblaciones vulnerables.” https://healthpolicy.fsi.stanford.edu/people/jay_bhattacharya
Esta currícula sugiere descartar en estos científicos un radicalismo contestatario, pero también la irresponsabilidad social que alienta el olímpico desprecio neoliberal por la salud pública.
En la conclusión de la encuesta comunicada por estos científicos, el coronavirus aparece como muy contagioso, 50 veces más que lo que muestran las estadísticas de casos confirmados, pero a la vez 50 veces menos letal.
Se infiere de esto que, con la extensión de la infección, muy grande, pero con una letalidad aparentemente 10 veces menor que la de la gripe, 0,1% contra 1%, las barreras inmunitarias creadas por el 99,9% de los infectados, que sumarán un alto porcentaje de la población, acabaría con la posibilidad de la reproducción del virus, que se extinguiría. Y aparece entonces la conclusión de un sector que desaconseja la cuarentena: la población no sufrirá una merma importante y los negocios no se detendrán. Porque  se inscribe en un contexto de interés capitalista, es publicable el artículo en el Wall Street Journal y parece claro y transparente.

3-    La crisis capitalista y la cuarentena

Pero hay otra lógica capitalista detrás de la propiciación contraria, la de la cuarentena, que no se expresa abiertamente y que por la envergadura de la operación augura propósitos siniestros. Se arropa en las pantallas mediáticas con los valores populares de la solidaridad y la supremacía de la vida ante los intereses económicos. Para quienes siquiera intuyen quiénes están detrás de los medios y cuál es su historia, esto no puede ser tomado en serio.
¿Cuál es la motivación capitalista de la cuarentena? El trasfondo de la actitud del poder real es la gravísima crisis económica en que está sumergido el capitalismo mundial, que es preexistente a la pandemia y cuya envergadura se mide en el retorno del proteccionismo, las guerras comerciales, el brexit, o la solitaria exacerbación de la agresividad imperial de EEUU, esto es, la quiebra del globalismo.
Sin necesidad de incurrir en “teorías conspirativas”, se advierte que las cuarentenas son funcionales a tres propósitos:
1)      Provocar con el freno económico consiguiente, una aceleración de la concentración económica, empujando al precipicio a  una ingente cantidad de empresas que se hallan comprometidas por el desarrollo de la crisis, que desaparecerán o serán vendidas a precio vil. Las oscilaciones bruscas de las bolsas pueden ser parte de este proceso. ¿Quiénes se beneficiarán con esto? Los que se queden con la propiedad de las empresas caídas, o con sus mercados.
2)      Las cuarentenas difundidas por el mundo elevan verticalmente los déficit estatales, porque el paro económico reduce la recaudación fiscal, al tiempo que la ayuda estatal a los millones de parados por el aislamiento social, suma un formidable gasto extraordinario al erario público. Ese déficit se solucionará con la correspondiente masa de nuevos títulos de endeudamiento público, amenazando con llevar a niveles paroxísticos la dependencia de los gobiernos respecto del capital financiero especulativo. Ofrecen de este modo una vía de escape a los quebrantos de la especulación, que podrá adquirir los títulos de una extraordinaria emisión de deuda de los Estados a nivel mundial. Las operaciones especulativas tendrán así la alternativa  que los libere de la desvalorización de los activos privados (acciones y propiedades), así como de la perspectiva de la insolvencia para los títulos de deuda privadas, que es consecuencia de la crisis anterior a la pandemia.
3)      Camuflar, detrás del chivo expiatorio de la pandemia, la verdadera naturaleza de la crisis, para anestesiar el descontento popular y desmontar la posibilidad de que se derive hacia la crítica del sistema. El aislamiento social presta un servicio ideal a la parálisis de la conciencia, que en las masas evoluciona en el movimiento práctico de su movilización colectiva.

La cuarentena no perjudica sino que fortalece a los beneficiarios de la concentración económica, que en lo principal se ubican en la cúspide de la sociedad  y que, por constituir el poder real, controlan los medios de comunicación. En el caso particular argentino, se advierte que la producción de los alimentos, así como el aumento de sus precios, no se han detenido y que los bancos han seguido lucrando, aun cerrados, porque su fuente principal de ingresos, los títulos del estado, siguen rindiendo sus intereses. El parasitismo de las rentas de la tierra y de la usura no ha enfermado con el coronavirus.

4-    Un modo de enfrentar el covid 19 desde los intereses populares


No hay decisiones soberanas sin información soberana. El país no puede conducirse en la emergencia con la tasa de letalidad del virus dada por la Organización Mundial de la Salud.
Lo primero que debiera hacerse es medir fehacientemente en el país esa letalidad, adoptando la metodología del grupo de la Universidad de Stanford. Realizar esto podría ser cuestión de días. Se trataría de ratificar que la tasa de letalidad en Argentina está en un orden de magnitud similar a la obtenida por esa Universidad.

La defensa del trabajo es esencial para los trabajadores y el pueblo. En el capitalismo, las crisis económicas y su secuela de desocupación han sido infaliblemente fatales para 0la defensa de los derechos laborales y los salarios de los trabajadores. La consigna trotskista de más aislamiento social con altos salarios de cuarentena es, peor que utópica, absurda. Es falso asimismo que de la caída económica se pueda volver al estado previo, como afirmó el presidente. La concentración económica no tiene marcha atrás, muchos empresarios desaparecerán y muchos más asalariados perderán para siempre su nivel salarial o su condición de persona ocupada. 
Alberto Fernández justificó la privación del trabajo para una enorme masa popular diciendo “prefiero que una fábrica esté con los obreros en cuarentena y no enfermos o muertos”. Mostrar que esa alternativa no existe, es el punto de arranque de una propuesta sanitaria que represente al pueblo laborioso y no a la especulación financiera.
Pensemos en una gran fábrica de 5000 trabajadores que siguió funcionando bajo el asecho del covid 19 y que arribó al peor de los escenarios. Supongamos que la totalidad de los obreros de esa fábrica se contagió.
De acuerdo a la encuesta de Santa Clara, alrededor de sólo 1 cada 50 trabajadores infectados se enfermaría, por lo que en esa fábrica de 5000 personas, todas infectadas,  perdería la salud una cifra cercana a las100 personas.
La probabilidad de muerte por enfermo de covid 19 varía, según la edad, pero como los adultos mayores no estarían en esa fábrica porque están jubilados, esa probabilidad de muerte de ese personal se reduciría aproximadamente a un 0,4%. Esto es, que de los 100 enfermos, morirían algo cercano a las “0,4 personas” (más bien ninguna que una). En un artículo del 4/5/2020, nos enteramos por el Dr. Ioannidis, eminente investigador también de la Universidad de Stanford, que un estudio posterior realizado en Nueva York, arrojó una tasa de infección del 25%, contra el 1,7% oficial de casos confirmados. Aquí la letalidad real del virus se reduce en 14,7 veces en lugar de 50  como en Santa Clara. Esta mayor letalidad no desmiente a la encuesta de Santa Clara porque la mortalidad de Nueva York, se mida como se la mida, aparece comparativamente alta en el plano mundial. No obstante, si aplicáramos esta otra proporción en nuestra hipotética fábrica de 5000 obreros, los enfermos ascenderían a 340 y la mortandad esperada del 0,4%,  resultaría en el fallecimiento probable de “1,35 personas” (más bien una persona que dos). https://www.infobae.com/america/mundo/2020/05/04/un-epidemiologo-y-matematico-de-stanford-explica-a-los-gobiernos-por-que-es-tiempo-de-levantar-las-cuarentenas/
Esa mortalidad podría reducirse virtualmente a cero, si se pusiera en cuarentena a los que tienen enfermedades susceptibles de complicarse mortalmente con el covid 19.
Aunque falleciera de coronavirus alguna persona, esto no rompería la habitualidad en un colectivo de 5000 individuos, donde difícilmente pase año sin que se enferme y muera gente por otras causas, por lo que no se advierte cuál es la razón sanitaria especial por la que el covid 19 obligaría a arrostrar la catástrofe de trastocar hasta la supresión el estado del trabajo normal en el conjunto social.
Partiendo de este cuadro probable, y no del dislate presidencial, es indudable que lo correcto sería mantener en funcionamiento la empresa, respetando la cuarentena de los trabajadores con riesgo especial y de aquellos que conviven domiciliariamente con adultos mayores, para evitar su contagio. Estos trabajadores deberían ser considerados con los derechos de una licencia por enfermedad. La merma de la fuerza laboral, por el licenciamiento cuarentenal de estos trabajadores, podría compensarse o paliarse acudiendo a la masa de los desocupados, que es cada vez más enorme.
Esto en cuanto al contagio en el ámbito del trabajo. Tratándose de la mortalidad por contagio en los transportes y la circulación de la población,  ésta sería igualmente pequeña, si la que circula es esta población con riesgos ínfimos, puesto que los vulnerables estarían en cuarentena.
En general pues, la cuarentena debería reducirse a los adultos mayores y a los que conviven con ellos en sus viviendas, aplicada de un modo riguroso.

Otro aspecto importante a considerarse sería que el coronavirus está siendo combatido por un sistema de salud que es el principal factor de mortalidad. Las residencias de ancianos deberían aislarse con su personal incluido, abonándosele a éste un salario especial resarcitorio. En el sistema hospitalario debería procurarse el aislamiento efectivo de los enfermos de coronavirus de los otros pacientes, porque todos pertenecen a la población de riesgo. No deberían compartir el personal médico. ¿Por qué no considerar la asignación de hospitales al coronavirus y liberar el resto del sistema para atender al resto de las enfermedades, que no se están atendiendo por miedo al contagio?  ¿Qué bomba de tiempo sanitaria se ha puesto en marcha en nombre de la salud con la suspensión de la medicina programada?  La cuarentena generalizada, queda claro una vez más, no tiene explicación como cuidado de la población. Las situaciones especiales como las de las villas deberían abordarse en su especificidad en subordinación a estos principios generales.
5-    Los medios de comunicación y la cuarentena

Los reclamos de derecha contra la cuarentena obedecen, en algunos casos, a los intereses capitalistas lesionados, a los perdedores de la crisis, pero también, y sobre todo, a la necesidad demagógica de hacer oposición a un gobierno de coalición en el que el poder económico no tiene una representación absoluta. Quienes con el gobierno macrista pusieron al país bajo la directa férula del capital financiero especulativo, no serán precisamente ahora los adalides de la defensa de la producción. Los mentirosos seriales del macrismo están proclamando lo contrario de lo que piensan. ¿Qué harían ellos si fueran el gobierno?: ¡La cuarentena! ¿No son acaso los más puros agentes vernáculos de la especulación internacional que lucrará con la destrucción económica? ¿No fueron los campeones mundiales del endeudamiento? Los que se manejan con la ecuación Macri=Bolsonaro, e identifican la posición anticuarentena con la derecha más extrema, no perciben que mientras Bolsonaro resiste la cuarentena expresando al poderoso lobby industrial brasileño, Fernández aquí la impone porque no afecta en lo más mínimo al corazón del poder real ultra reaccionario en la Argentina, la agroindustria y las finanzas. La alimentación es considerada actividad esencial y los bancos, aún cuando estuvieron cerrados, siguieron lucrando con su principalísima fuente de ingresos: los intereses de los títulos públicos en su cartera.
Sin embargo, en la  medida en que la penuria de la economía popular acumule sus efectos, la bandera anticuarentena tiene la chance de volverse simpática a las mayorías. Con la presente campaña, la derecha va creando el clima para adjudicar al “populismo” la responsabilidad por una crisis que, en su esencia, no responde a la coyuntura de la cuarentena, sino a la sintomatología de un agotamiento histórico del capitalismo, del que emerge la hipertrofia y desenfreno predatorio del capital financiero especulativo..   
En este, como en todos los temas, los sectores populares no superan su confusión y no terminan de plasmar una emancipación informativa y valorativa del discurso mediático.
¿Qué costo humano, cuántas vidas se llevará la cuarentena en forma inmediata y directa, por ejemplo, con la suspensión de toda la medicina programada? ¿Qué porcentaje de las decenas y centenares de miles de consultas médicas y estudios que no se hacen corresponden a diagnósticos cuya omisión oportuna han tenido ya o tendrán una consecuencia fatal? ¿Esta omisión de medicina programada de hoy no derivará en el colapso futuro del sistema sanitario, abrumado por las urgencias médicas que se incuban en este descuido de hoy? 
¿Y cuánta pérdida humana provocará la aceleración de la crisis y sus secuelas de concentración económica, aumento estructural de la pobreza y la desigualdad social? Las crisis económicas enseñan que el desempleo y la tasa de suicidios aumentan en la misma proporción. No recibirá el pueblo la respuesta a este interrogante complejo, si se le ha ocultado la simple información de cuál es la verdadera letalidad del virus.
Lo que debe tener por seguro es que los mendrugos asistenciales no remediarán una penosa perspectiva de la cual este episodio del Covid 19 es apenas su mascarón de proa.

6-    Entrevista con el Dr. John Ioannidis de la Universidad de Stanford - California - EEUU




Según Wikipedia, “Ioannidis estudia la investigación científica en sí misma, especialmente en medicina clínica y ciencias sociales. Es uno de los científicos más citados en la literatura, y su artículo de 2005 «Por qué los hallazgos de investigación más publicados son falsos»​ es el documento más descargado de la Public Library of Science, y en la plataforma de acceso abierto a publicaciones científicas Mendeley, Ioannidis cuenta con el mayor número de lectores en materia de ciencia.”
En el «Por qué los hallazgos de investigación más publicados son falsos», Ioannidis comienza por desarrollar el género de dificultades que la investigación enfrenta como puro proceso de conocimiento, que no interesa al punto de vista de nuestro trabajo. Pero en un “Corolario 5” dice: “Cuanto mayores son los intereses y prejuicios financieros y de otro tipo en un campo científico menor es la probabilidad de que los resultados de la investigación sean verdaderos. Los conflictos de interés y los prejuicios pueden aumentar el sesgo u. Los conflictos de interés son muy comunes en la investigación biomédica (Krimsky, Rothenberg, Stott y Kyle, 1998), y suelen ser reportados en forma inadecuada y poco frecuente (ibid.; Papanikolaou, Baltogianni, Contopoulos-I. et al., 2001). Los prejuicios no necesariamente tienen orígenes financieros. Los científicos de un campo dado pueden tener prejuicios debido simplemente a su creencia en una teoría científica o al compromiso con sus propios resultados. Muchos estudios en apariencia independientes, realizados en las universidades, se pueden llevar a cabo únicamente para dar a los médicos e investigadores calificaciones para su promoción o su titularidad. Tales conflictos no financieros también pueden llevar a reportar resultados e interpretaciones distorsionados. Los investigadores prestigiosos pueden suprimir la aparición y la difusión de resultados que refuten sus hallazgos mediante el proceso de revisión por pares. Así perpetúan falsos en su campo de investigación. La evidencia empírica sobre la opinión de los expertos además, que es poco confiable…” (Antman, Lau et al., 1992).
Sólo nos cabe agregar que pocas veces la neutralidad científica se halló tan poco garantizada como en estas circunstancias. El diagnóstico de la letalidad del virus se vincula con el operar financiero, político, ideológico y cognitivo de la más colosal concentración de intereses económicos que conozca la historia de la humanidad.